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La modernidad Chilena, una modernidad sui generis


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Gabriel Sali­nas Alva­rez (Doc­tor en Cien­cias sociales, San­tia­go, Chile)

chile-con-regionesLas reflexiones que siguen, care­cen, en sen­ti­do estric­to, de toda ori­gi­na­li­dad, y decla­rar­lo no esni cláu­su­la de esti­lo ni pre­cau­ción ora­to­ria, des­ti­na­das a maquillar una fal­sa modes­tia. En efec­to, la gran mayoría, sino la tota­li­dad, de las ideas aquí expre­sa­das, han sido ya desar­rol­la­das por nume­ro­sos autores, res­pec­to de quienes mi deu­da es evi­dente e inmen­sa. Entre ellos, sólo men­cio­no aquí a jean Ches­neaux cuyos lumi­no­sos aná­li­sis de la Moder­ni­dad desar­rol­la­dos en De la Moder­ni­té (1981) y Moder­ni­té-Monde (1983), consti­tuyen bue­na parte del fun­da­men­to de este tex­to. El cuar­to de siglo trans­cur­ri­do desde la publi­ca­ción de ambos libros, no hace sino confir­mar las hipó­te­sis de Ches­neaux, dan­do a sus pro­po­si­ciones una sin­gu­lar per­ti­nen­cia y una indis­cu­tible actua­li­dad. Si algu­na nove­dad hay en este ensa­hyo, ella radi­ca, no en las ideas y concep­tos expues­tos en él, sino en el inten­to de urdir con ellos una tra­ma expli­ca­ti­va radi­cal­mente opues­ta al dis­cur­so ofi­cial. La nove­dad que pue­den rei­vin­di­car estas líneas, es aquel­la de la que habla Fer­nan­do­pes­soa : « …aquel­la que ha reto­ma­do todos los hilos de la tra­di­ción, y los ha teji­do for­man­do un moti­vo que la tra­di­ción no podía tejer. » [1]

I. UNA SOCIEDAD MODERNA

Nues­tra socie­dad se moder­ni­za a ojos vis­ta y, a pesar de la pre­va­len­cia de muchos arcaís­mos, Chile luce cada día más moder­no, hacién­dose fuerte la ten­ta­ción de pen­sar que la Moder­ni­dad es un hori­zonte hacia el que vamos nave­gan­do, nolens volens, en una trayec­to­ria a la cual es inú­til opo­nerse pues pare­ciese haber algo de inexo­rable en este movi­mien­to.

« La moder­ni­dad ha deja­do de ser una elec­ción » afir­ma José Joa­quín Brun­ner, « es un hecho de la épo­ca, contra­dic­to­ria­mente asu­mi­do por las socie­dades y gru­pos diri­gentes. Viene de la mano con la glo­ba­li­za­ción de los mer­ca­dos y de la demo­cra­cia, con la expan­sión de la edu­ca­ción y de las indus­trias cultu­rales, con una amplia­ción de las expec­ta­ti­vas de consu­mo y la muta­ción de valores ; con los cam­bios en la estruc­tu­ra demo­grá­fi­ca y fami­liar, con los pro­ce­sos de urba­ni­za­ción y de masi­fi­ca­ción de la vida en gene­ral » [2].

El mis­mo Brun­ner agre­ga, en otro lugar : « Al contra­rio de lo que se dijo sobre el siglo XIX lati­noa­me­ri­ca­no, aho­ra, nues­tras acti­tudes vitales están cam­bian­do, mas no nues­tras ideas y nues­tras leyes, y la inte­li­gen­cia parece ate­mo­ri­za­da frente al futu­ro, al mis­mo momen­to en que las masas se incor­po­ran conflic­ti­va e inexo­ra­ble­mente a la socie­dad moder­na » [3].

1.1 El tér­mi­no « Moder­ni­dad » repre­sen­ta una idea ambi­gua de contor­nos difu­sos.
Podría decirse que la noción de Moder­ni­dad alude gros­so modo a un tipo de civi­li­za­ción que, por sus pecu­lia­ri­dades, contras­ta con las cultu­ras tra­di­cio­nales. Mien­tras éstas son loca­li­za­das geo­grá­fi­ca­mente y de una irre­duc­tible diver­si­dad, la Moder­ni­dad se impone, homo­gé­nea y com­pac­ta, en un movi­mien­to cen­trí­fu­go desde el Occi­dente euro­peo hacia el res­to del pla­ne­ta.

1.2 Es en el perío­do com­pren­di­do entre las Revo­lu­ciones de finales del siglo XVIII y la Pri­me­ra Guer­ra Mun­dial, que la Moder­ni­dad alcan­za su madu­ra­ción.
Jur­gen Haber­mas seña­la que fue en la obra de los poe­tas y filó­so­fos ale­manes de los siglos XVIII y XIX, que la Moder­ni­dad adqui­rió « concien­cia del tiem­po » satis­fa­cien­do su nece­si­dad de auto­cer­cio­ra­mien­to. Tes­ti­mo­nio de ello es la pre­sen­cia recur­rente en el dis­cur­so filosó­fi­co de la épo­ca de concep­tos tales como : « revo­lu­ción, pro­gre­so, eman­ci­pa­ción, desar­rol­lo, cri­sis, espí­ri­tu de la épo­ca, etc. » [4].

1.3 La Ilus­tra­ción se hará car­go de los pro­ble­mas que la moder­ni­za­ción venía plan­tean­do, desde el Rena­ci­mien­to, a la socie­dad occi­den­tal. Bajo el influ­jo de Las Luces, esos pro­ce­sos adqui­rirán un carác­ter inno­va­dor y una dimen­sión uni­ver­sal.

« El proyec­to de moder­ni­dad for­mu­la­do por los filó­so­fos del ilu­mi­nis­mo en el siglo XVIII — escribe J. Haber­mas — se basa­ba en el desar­rol­lo de una cien­cia obje­ti­va, una moral uni­ver­sal, una ley y un arte autó­no­mos y regu­la­dos por lógi­cas pro­pias. Al mis­mo tiem­po. este proyec­to inten­ta­ba libe­rar el poten­cial cog­ni­ti­vo de cada una de estas esfe­ras de toda for­ma eso­té­ri­ca. Desea­ban emplear esta acu­mu­la­ción de cultu­ra espe­cia­li­za­da en el enri­que­ci­mien­to de la vida dia­ria, es decir, en la orga­ni­za­ción racio­nal de la coti­dia­nei­dad social » [5].

II. UNA MODERNIDADEN LA MEDIDA DE LO POSIBLE

« … podría decirse que naci­mos en la épo­ca moder­na, sin que nos deja­ran ser moder­nos » [6].

En efec­to, en el pro­ce­so de moder­ni­za­ción de las ex-colo­nias españo­las ten­drán un peso pre­pon­de­rante los reque­ri­mien­tos y las nece­si­dades del capi­ta­lis­mo indus­trial en ple­na expan­sión, en detri­men­to del idea­rio eman­ci­pa­dor de la Ilus­tra­ción.

El capi­ta­lis­mo indus­trial se impon­drá como modo de pro­duc­ción, hegemó­ni­co, abrien­do un perío­do de his­to­ria contem­porá­nea fuer­te­mente mar­ca­do por la espasmó­di­ca suce­sión de tur­bu­len­cias, cri­sis y desastres mayores.

Múl­tiples y mortí­fe­ras cam­pañas colo­niales, guer­ras mun­diales. Desastres poten­cia­dos por los hor­rores de dos infier­nos tota­li­ta­rios, y por la bar­ba­rie tec­no­cientí­fi­ca que hará pen­der sobre la huma­ni­dad ente­ra la pro­ba­bi­li­dad (cada vez más alta) de exter­mi­nio de la vida en el pla­ne­ta. Esos son algu­nos de los fac­tores que trans­mu­ta­ron el metar­re­la­to moder­no, — que habla­ba de una bús­que­da pro­gre­si­va de auto­nomía ciu­da­da­na ; de domi­na­ción de la Natu­ra­le­za y de conci­lia­ción de comu­ni­dad y socie­dad-, en una inenar­rable y tene­bro­sa saga del ter­ro­ris­mo de Esta­do y del hor­ror tota­li­ta­rio.

2.1 Es en ese contex­to histó­ri­co, mar­ca­do por el ascen­so del capi­ta­lis­mo indus­trial, que nues­tro país ingre­sa a la Moder­ni­dad. La suya será una Moder­ni­dad sui géne­ris, que ten­drá muy poco en común con aquel­la cultu­ra ambi­gua, crí­ti­ca y feraz, que fas­ci­na­ra a Bau­de­laire.

La Moder­ni­dad criol­la mani­fies­ta, desde sus comien­zos y de mane­ra rele­vante, lo que es hoy el ras­go domi­nante de la Moder­ni­dad pla­ne­ta­ria : ser un fac­tor de orden y esta­bi­li­za­ción en lugar de ser un agui­jón crí­ti­co e inno­va­dor.

La cultu­ra de esta Moder­ni­dad chi­len­sis se ha dis­tan­cia­do de la Moder­ni­dad del siglo XIX y del pri­mer ter­cio del XX, tam­bién por el des­pla­za­mien­to de sus cen­tros de inter­és. Así, la aten­ción se des­li­za de lo efí­me­ro hacia lo inerte ; de la ful­gu­ra­ción espontá­nea hacia la nor­ma ; de la atrac­ción seduc­to­ra hacia la com­pul­sión ; del incon­for­mis­mo radi­cal al confor­mis­mo ram­plón.

III. SINCRETISMO Y PARADOJAS EN NUESTRA MODERNIDAD

Durante las tres últi­mas déca­das, nues­tra Moder­ni­dad ha expe­ri­men­ta­do una ace­le­ra­ción de su desar­rol­lo, acen­tuan­do sus contra­dic­ciones y para­do­jas. De un modo muy esquemá­ti­co, la socie­dad chi­le­na de hoy puede ser repre­sen­ta­da por un bino­mio, cuyos tér­mi­nos son : « el Paraí­so del consu­mi­dor, y el Pára­mo del ciu­da­da­no » [7].

Se tra­ta, no de dos tér­mi­nos anti­té­ti­cos des­ti­na­dos a fun­dirse (algún día) en una sín­te­sis super­ior, sino, de dos partes inter­de­pen­dientes de la rea­li­dad nacio­nal cuya inter­ac­ción va « deshi­lan­do » pacien­te­mente el teji­do social.

El pro­fe­sor Mar­cos García de la Huer­ta ilus­tra de mane­ra convin­cente el carác­ter sin­cré­ti­co de nues­tra Moder­ni­dad, al escri­bir : « Se ha pro­du­ci­do […] la confluen­cia de dos ten­den­cias pode­ro­sas, pero en inevi­table contra­po­si­ción. Por una parte, un culto idolá­tri­co del desar­rol­lo, la trans­fe­ren­cia tec­noló­gi­ca, la pro­duc­ti­vi­dad y la com­pe­ti­ti­vi­dad, uni­do a una dis­po­si­ción ultra­con­ser­va­do­ra en el cam­po de las pre­fe­ren­cias esté­ti­cas, las ideas morales y reli­gio­sas. Esta esqui­zo­fre­nia tra­duce la ten­sión entre las seduc­ciones de la nue­va socie­dad de consu­mo y un conser­van­tis­mo a ultran­za en el orden cultu­ral » [8].

La ambi­va­len­cia que deri­va de este mari­daje de contra­rios, se mani­fies­ta en todos los órdenes de la vida nacio­nal. El pro­fe­sor García de la Huer­ta lo confir­ma escri­bien­do : « La mis­ma mez­cla de fun­da­men­ta­lis­mo y libe­ra­lis­mo se obser­va en la trans­fe­ren­cia tec­noló­gi­ca y las comu­ni­ca­ciones. Lle­gan rau­da­mente los sis­te­mas elec­tró­ni­cos y de comu­ni­ca­ción de últi­ma gene­ra­ción, pero se man­tiene un control inqui­si­to­rial sobre lo que se comu­ni­ca » [9].

3.1 Nues­tra Moder­ni­dad repro­duce, con las par­ti­cu­la­ri­dades locales, las cau­sas de males­tar que la moder­ni­za­ción capi­ta­lis­ta ha sus­ci­ta­do en otras lati­tudes [10]

El indi­vi­dua­lis­mo es, sin duda, uno de los logros más deci­si­vos de la Moder­ni­dad. Asu­mir las moder­nas liber­tades, implicó para el indi­vi­duo la rup­tu­ra de vie­jas leal­tades y soli­da­ri­dades que lo vin­cu­la­ban orgá­ni­ca­mente a un orden tra­di­cio­nal. El gra­do cre­ciente de auto­nomía que el suje­to conquis­ta en la Moder­ni­dad, tiene una contra­par­ti­da a no des­deñar : « La liber­tad moder­na sobre­vi­no gra­cias al des­cré­di­to de dichos órdenes (tra­di­cio­nales). Pero al mis­mo tiem­po que nos limi­ta­ban, esos órdenes daban sen­ti­do al mun­do y a las acti­vi­dades de la vida social » [11].

En este « desen­can­ta­do mun­do » de la Moder­ni­dad, son muchos los indi­vi­duos a quienes les resul­ta muy difí­cil, sino impo­sible, asi­gnar fines rele­vantes a sus exis­ten­cias ; ello for­ta­lece la apatía, la indi­fe­ren­cia y el repliegue de cada quien en su nicho, con el inevi­table detri­men­to de las rela­ciones inter­per­so­nales y de la vida social en su conjun­to.

3.2 A ello se añade otro fenó­me­no fun­da­men­tal de la vida moder­na : la pri­macía abso­lu­ta de la Razón Ins­tru­men­tal [12]

En efec­to, ella ha exten­di­do su control sobre todas las cosas y, « […] además, ame­na­za con apo­de­rarse de nues­tras vidas. El temor se cifra en que aquel­las cosas que deberían deter­mi­narse por medio de otros cri­te­rios, se deci­dan en tér­mi­nos de efi­cien­cia o de aná­li­sis coste bene­fi­cio ; que los fines inde­pen­dientes que deberían ir guian­do nues­tras vidas, se vean eclip­sa­dos por la exi­gen­cia de obte­ner el máxi­mo ren­di­mien­to » [13].

3.3 El impe­rio de la Razón Ins­tru­men­tal, se aviene mal con el desar­rol­lo de la liber­tad de los indi­vi­duos y de los gru­pos

En efec­to, las deci­siones rela­ti­vas a los más diver­sos domi­nios de la vida de todos los días, son adop­ta­das con total pres­cin­den­cia de la opi­nión, de las nece­si­dades, de los deseos de las per­so­nas [14]. Los efec­tos de ello en el domi­nio polí­ti­co son extre­ma­da­mente alar­mantes. Un sen­ti­mien­to de impo­ten­cia se adueña de indi­vi­duos y colec­ti­vi­dades, ante el inexo­rable peso de las macro­ten­den­cias de la Moder­ni­dad, de modo que los suje­tos pre­fie­ren recluirse en la esfe­ra pri­va­da, dejan­do el espa­cio públi­co en manos de “ope­ra­dores” exper­tos en toda suerte de rein­ge­nierías.

3.4 Lo que de nues­tra Moder­ni­dad sus­ci­ta un ver­da­de­ro asom­bro, es la total dis­cor­dan­cia exis­tente entre lo que ocurre en la pro­sai­ca rea­li­dad y el dis­cur­so de las auto­ri­dades

A cada uno de los grandes propó­si­tos invo­ca­dos por la retó­ri­ca neo­li­be­ral, cor­res­ponde, en la vida cor­riente y moliente de los ciu­da­da­nos, un efec­to no desea­do que ter­mi­na por impo­nerse, per­vir­tien­do las inicia­ti­vas que arro­jan resul­ta­dos dia­me­tral­mente opues­tos a los mani­fes­ta­dos por la auto­ri­dad. Ello favo­rece la des­le­gi­ti­ma­ción de quienes toman las deci­siones, sus­ci­ta la apatía cre­ciente de la pobla­ción que par­ti­ci­pa cada vez menos en un espa­cio públi­co frag­men­ta­do y valdío ; todo ello poten­cia­do por un indi­vi­dua­lis­mo que no es más que anó­mi­ca ato­mi­za­ción.

IV. LOS EFECTOS PERVERSOS DE LA MODERNIDAD

Uno de los ras­gos más notables de la Moder­ni­dad neo­li­be­ral en su fase tardía, es su hipe­ri­deo­lo­gi­za­ción. La tan­tas veces pro­cla­ma­da « muerte de las ideo­logías », no es otra cosa que una vas­ta ges­ti­cu­la­ción ora­to­ria de los mer­cadó­fi­los, des­ti­na­da a ocul­tar el pre­do­mi­nio abso­lu­to de la más pri­ma­ria y viru­len­ta ideo­logía capi­ta­lis­ta. Es una intem­pe­rante apo­logía del libre mer­ca­do, lo que subyace al acri­ti­cis­mo y a la arro­gante auto­sa­tis­fac­ción de los que hacen gala la intel­li­gent­sia neo­li­be­ral y sus comu­ni­ca­dores. Puede consi­de­rarse como un signo de seni­li­dad de este mode­lo de desar­rol­lo, el que la idea cen­tral de su ideo­logía haga suyo un anti­guo pre­jui­cio ontoló­gi­co, según el cual : « La socie­dad posee, en sí mis­ma, un orden, un fun­cio­na­mien­to racio­nal que es aven­tu­ra­do e insen­sa­to inten­tar modi­fi­car » [15].

Por ello, « cri­ti­car el tipo de racio­na­li­dad del Mer­ca­do, es lo que se hace apa­re­cer como irra­cio­nal, porque es dis­fun­cio­nal a su meca­nis­mo » [16].

Todo ésto no es ima­gi­nable sino en una socie­dad en la cual han desa­pa­re­ci­do las ideo­logías crí­ti­cas, alter­na­ti­vas, bajo el peso megalí­ti­co de la hipe­ri­deo­logía neo­li­be­ral.

Sin embar­go, la todo­po­de­ro­sa ideo­logía del lais­sez faire pierde pie y capa­ci­dad de per­sua­sión cuan­do las evo­lu­ciones no pre­vis­tas, los resul­ta­dos no desea­dos y los efec­tos per­ver­sos del libre jue­go de las leyes del Mer­ca­do, dejan de ser fenó­me­nos mar­gi­nales, aumen­tan­do ten­den­cial­mente su fre­cuen­cia, y pasan de la per­ife­ria al cen­tro de la esce­na nacio­nal.

Es casi una per­ogrul­la­da, decir que los « efec­tos per­ver­sos » a los que me refe­ri­ré en las líneas que siguen, son per­cep­tibles, en toda su magni­tud, si, y sola­mente si, nues­tra mira­da trans­grede los mez­qui­nos lin­de­ros de la mer­ca­do­la­tría y consi­de­ra­mos que la vida social, (más aún la vida stric­tus et latus sen­sus), no es reduc­tible al orden econó­mi­co ni a la mani­pu­la­ción de las cosas.

Exa­mi­ne­mos pues, algu­nos de los nume­ro­sos efec­tos per­ver­sos que carac­te­ri­zan esta sui géne­ris Moder­ni­dad nues­tra.

4.1 La Nor­ma­li­za­ción

El modo de inser­ción de la socie­dad chi­le­na en el pro­ce­so de glo­ba­li­za­ción de la eco­nomía mun­dial, impone al país un exi­gente reque­ri­mien­to de nor­ma­li­za­ción de los pro­duc­tos, de los pro­ce­sos de pro­duc­ción y de los hábi­tos de todos los actores del mer­ca­do.

Esto se tra­duce en la pues­ta en vigor de nor­mas cuyo mar­gen de manio­bra no cesa de ampliarse.

Cada pro­duc­to, cada situa­ción, cada com­por­ta­mien­to, está deter­mi­na­do por Nor­mas y por Per­files. Es decir, están defi­ni­dos res­pec­to de valores cuan­ti­fi­cables, contro­lables.

La confor­mi­dad con las nor­mas está por enci­ma y deter­mi­na las fun­ciones reales. Todo es así seria­li­za­do, los hombres como las cosas. Un mode­lo úni­co es repro­du­ci­do has­ta el infi­ni­to, redu­cien­do al máxi­mo las des­via­ciones res­pec­to del Tipo-Ideal.

Lo sin­gu­lar, lo dife­rente, crea pro­ble­mas, ori­gi­na moles­tia, cuan­do no sus­ci­ta la sos­pe­cha.

4.2 Los Flu­jos y Cir­cui­tos

For­man parte de nues­tro voca­bu­la­rio cor­riente, desde hace un cier­to tiem­po, tér­mi­nos como : iti­ne­ra­rio pro­fe­sio­nal, flu­jos pro­duc­ti­vos, cir­cui­tos comer­ciales, inter­co­nec­ción y reti­cu­la­ción de las rela­ciones sociales, etc. Esto no enri­quece ni el len­guaje ni nues­tra visión del mun­do, pues en lugar de ampliar el cam­po semán­ti­co con ana­logías per­ti­nentes, res­tringe la comu­ni­ca­ción a una cada vez más pobre tec­no­ni­mia deri­va­da de las téc­ni­cas « de pun­ta ».

Las inicia­ti­vas per­so­nales y los com­por­ta­mien­tos colec­ti­vos son some­ti­dos a iti­ne­ra­rios inexo­rables que gene­ral­mente no guar­dan nin­gu­na rela­ción con los inter­eses de las per­so­nas par­ti­cu­lares.

Este fenó­me­no de orga­ni­za­ción com­pul­si­va de la acti­vi­dad huma­na en cir­cui­tos y flu­jos se mani­fies­ta, inclu­so, en la orga­ni­za­ción de las vaca­ciones, del des­can­so y del entre­te­ni­mien­to.

Ello se veri­fi­ca en todas las ope­ra­ciones sociales y téc­ni­cas impli­ca­das en la com­pra de un bien durable, en la soli­ci­tud de un cré­di­to hipo­te­ca­rio o en la pos­tu­la­ción a un Fon­do para la inves­ti­ga­ción cientí­fi­ca.

El espa­cio urba­no es des­trui­do y desar­ti­cu­la­do, sucum­bien­do bajo la hege­monía de la cir­cu­la­ción moto­ri­za­da y del trán­si­to orga­ni­za­do en cir­cui­tos.

San­tia­go ha per­di­do y sigue per­dien­do, ante la total indi­fe­ren­cia de la mayoría, no sólo el carác­ter de sus bar­rios de mayor valor urbanís­ti­co, socioló­gi­co e histó­ri­co, sino que pierde ace­le­ra­da­mente lo esen­cial de toda ciu­dad, consti­tuir un mar­co ade­cua­do al desar­rol­lo cultu­ral y moral de sus habi­tantes. Hoy ya es peli­gro­so habi­tar en muchos sec­tores de la capi­tal y quienes pue­den emi­grar, no dudan en hacer­lo.

La calle es hoy una zona de alto ries­go, en la cual ya no es posible anu­dar ni tejer rela­ciones sociales con que ali­men­tar la vida comu­ni­ta­ria.

Los nue­vos com­ple­jos urba­nos construi­dos en nues­tro país, han sido diseña­dos, dan­do la prio­ri­dad abso­lu­ta a la cir­cu­la­ción de los automó­viles, por enci­ma de toda otra acti­vi­dad social, de suerte que todo lo demás está supe­di­ta­do a las nece­si­dades del vehí­cu­lo moto­ri­za­do.

« La velo­ci­dad, en la medi­da en que ella repre­sen­ta la poten­cia y el poder, se ha conver­ti­do en un fun­da­men­to de la vida social bajo la Moder­ni­dad. Ante nues­tros ojos se erije y conso­li­da la “dro­mo­cra­cia”, bajo cuya féru­la la pro­mo­ción social se mide en los kiló­me­tros recor­ri­dos en auto o en avión. […] En resu­men, las rela­ciones de cir­cu­la­ción aplas­tan y dete­rio­ran pro­fun­da­mente la rea­li­dad esen­cial de cada lugar, de cada per­so­na, de cada obje­to. Gentes, pro­duc­tos e ideas, tie­nen que cir­cu­lar bajo la Moder­ni­dad dro­mo­crá­ti­ca, y mien­tras más rápi­da sea esta cir­cu­la­ción más se valo­ri­za la per­so­na, el sis­te­ma o el obje­to en movi­mien­to » [17].

4.3 La Codi­fi­ca­ción

La codi­fi­ca­ción que impone la Moder­ni­dad decli­nante, no tiene mucho que ver con los sis­te­mas de reglas sociales que se ha dado la comu­ni­dad huma­na con el fin de racio­na­li­zar el uso de los recur­sos dis­po­nibles y opti­mi­zar el desar­rol­lo de los indi­vi­duos y de la colec­ti­vi­dad.

La codi­fi­ca­ción consi­de­ra­da aquí, se reduce al orde­na­mien­to de signos, a la pro­duc­ción de simu­la­cros que, poco a poco, han ido sub­sti­tuyen­do a la rea­li­dad concre­ta. La codi­fi­ca­ción, así enten­di­da, va ais­lan­do uno de los ele­men­tos del todo, pri­vi­le­gian­do una fun­ción de la abi­gar­ra­da rea­li­dad social, degradán­do­la, redu­cién­do­la, empo­bre­cién­do­la al extre­mo de des­di­bu­jar su natu­ra­le­za.

En los más diver­sos domi­nios de la vida públi­ca o pri­va­da, los códi­gos trans­mi­ten órdenes, exhor­ta­ciones e indu­cen la apa­ri­ción de conduc­tas este­reo­ti­pa­das.

Los códi­gos fil­tran y asep­ti­san los inter­cam­bios sociales y, al mis­mo tiem­po, abren o cier­ran el acce­so de los indi­vi­duos a ser­vi­cios, a ins­ta­la­ciones, colocán­dose como inter­me­dia­rios obli­ga­dos e inelu­dibles que sepa­ran la acti­vi­dad indi­vi­dual y el que­ha­cer social de la comu­ni­dad.

La apa­ri­ción y pre­sen­cia inva­so­ra de los códi­gos numé­ri­cos, nos impone seve­ras restric­ciones cuan­do omi­ti­mos su uso en una ges­tión ban­ca­ria, en cual­quier trá­mite admi­nis­tra­ti­vo, uni­ver­si­ta­rio, has­ta puede deter­mi­nar la posi­bi­li­dad de entrar o salir del esta­cio­na­mien­to o ingre­sar al tra­ba­jo en la ofi­ci­na si se ha olvi­da­do el ”núme­ro” o la tar­je­ta magné­ti­ca.

La codi­fi­ca­ción del espa­cio per­tur­ba seria­mente la capa­ci­dad de orien­ta­ción de muchas per­so­nas y, por lo tan­to, la cali­dad de sus rela­ciones con la rea­li­dad ambiente. La desa­pa­ri­ción de los nombres del recor­ri­do de los micro­buses en San­tia­go y su reem­pla­zo por núme­ros de varios dígi­tos, cuya lógi­ca consti­tuye una espe­cie de “secre­to de Esta­do”, ha signi­fi­ca­do una pér­di­da seve­ra de refe­ren­cias espa­ciales a muchos habi­tantes de la capi­tal.

Estos cam­bios no oca­sio­nan sola­mente deso­rien­ta­ción y confu­sión, sino que debi­li­tan el cono­ci­mien­to de la rea­li­dad al hacer desa­pa­re­cer nombres que sin­te­ti­zan o remi­ten a com­ple­jos socio­cul­tu­rales mayores. Es lo que ha ocur­ri­do con el reem­pla­zo de los nombres de las anti­guas pro­vin­cias del país, por adje­ti­vos ordi­nales que acom­pañan al sub­stan­ti­vo Región. Todo cuan­to era evo­ca­do en el solo enun­cia­do de nombres tales como : Tara­pacá, Chi­loé, Col­cha­gua etc., que­da aho­ra en la som­bra y pasará al olvi­do por ausen­cia en la inter­lo­cu­ción coti­dia­na.

La deno­mi­na­ción « IV Región » es neu­tra y quizá ello ten­ga algu­na impor­tan­cia téc­ni­co-admi­nis­tra­ti­va, es posible. Pero lo que no admite dudas es que, esa “neu­tra­li­dad” ale­ja y diso­cia radi­cal­mente la desi­gna­ción actual, de la rea­li­dad socio histó­ri­ca que ella supone repre­sen­tar. Ero­sión de la cultu­ra por entropía de la infor­ma­ción ; la com­ple­ji­dad de lo real se esfu­ma detrás del simu­la­cro del signo. He ahí otro efec­to per­ver­so de la Moder­ni­dad.

4.4 Las Pro­te­sis

Se tra­ta de ele­men­tos auxi­liares que, en el contex­to socio­cul­tu­ral de nues­tros días, lle­gan a ser abso­lu­ta­mente indis­pen­sables, a tal extre­mo que en su ausen­cia, los indi­vi­duos pier­den toda posi­bi­li­dad de encon­trar solu­ciones alter­na­ti­vas de mane­ra autó­no­ma.

Los lec­tores de cas­settes o de CD del tipo « per­so­nal », son una de las pró­te­sis más inva­so­ras y se difun­den en todos los medios. Ellos crean una depen­den­cia enorme de los indi­vi­duos que los por­tan, rom­pien­do la comu­ni­ca­ción con el entor­no de un modo cer­ca­no al autis­mo.

La tele­vi­sión, rei­na de las pró­te­sis hoga­reñas, ejerce su tiranía desde lo más ínti­mo de la vida mate­rial y espi­ri­tual de los moder­nos tele­vi­dentes.

Estas pró­te­sis impli­can el ale­ja­mien­to y la exclu­sión del otro en toda una vas­ta gama de rela­ciones y ope­ra­ciones sociales y téc­ni­cas habi­tuales. Los dis­tri­bui­dores de dine­ro, las cus­to­dias automá­ti­cas, los por­te­ros eléc­tri­cos, los sur­ti­dores de ben­ci­na, los dis­po­si­ti­vos de auto-ser­vi­cio en res­tau­rantes y super­mer­ca­dos, los respon­de­dores automá­ti­cos, son otras tan­tas pró­te­sis cuya pre­sen­cia se ha tor­na­do insus­ti­tuible para la vida moder­na. Pre­sen­cia inva­si­va que excluye y degra­da la cali­dad de las inter­ac­ciones huma­nas des­po­ján­do­las de todo valor moral.

A lo dicho se agre­ga la rigi­dez como otro ras­go pro­pio de las pró­te­sis de la moder­ni­dad decli­nante : rigi­dez que encon­tra­mos cada día en los enchufes eléc­tri­cos que no pue­den ser repa­ra­dos pues son com­pac­tos, sel­la­dos, inmo­di­fi­cables. Esta rigi­dez se impone por enci­ma de la volun­tad de los usua­rios, forzán­do­los al consu­mo de nue­vos pro­duc­tos, irre­pa­rables, inadap­tables, deshe­chables, en fin, no reci­clables.

Este tipo de pró­te­sis incide en el modo de expre­sión y de mani­fes­tarse de la sub­je­ti­vi­dad de los indi­vi­duos. El carác­ter neu­tral de una pan­tal­la de cris­tal líqui­do o de un jue­go elec­tró­ni­co, no sus­ci­ta nin­gu­na expe­rien­cia afec­ti­va en su pro­pie­ta­rio o uti­li­za­dor. El tra­ba­jo del diseña­dor bus­ca el modo más efi­caz de opti­mi­zar la fun­ción del obje­to, den­tro de los rígi­dos cánones de la nor­ma­li­za­ción y de la ren­ta­bi­li­za­ción del pro­duc­to. Los consu­mi­dores ten­drán que acep­tar el diseño, y si ello no es de mane­ra espontá­nea, la publi­ci­dad se encar­gará del res­to.

4.5 Lo Efí­me­ro e Ins­tantá­neo

La Moder­ni­dad clau­di­cante es tam­bién la reduc­ción, lle­va­da al paroxis­mo, de toda tem­po­ra­li­dad a lo inme­dia­to ; es una car­re­ra loca hacia lo obso­le­to, hacia la cadu­ci­dad de todos los obje­tos.

Los artí­cu­los de consu­mo cultu­ral son arte­fac­tos des­ti­na­dos a ser arro­ja­dos a la basu­ra en cuan­to han sido uti­li­za­dos.

Las masas enormes de papel de los per­ió­di­cos y de la publi­ci­dad, que inva­den y se amon­to­nan en casas y ofi­ci­nas, no alcan­zan a entre­gar la infor­ma­ción que contie­nen antes de ir al ver­te­de­ro.

Todos los pro­duc­tos de esta moder­ni­dad tie­nen una vida útil cada vez más cor­ta. Las nue­vas construc­ciones, los automó­viles, los elec­tro­do­més­ti­cos enve­je­cen mal y pre­coz­mente. Los nue­vos mate­riales se degra­dan pre­ma­tu­ra­mente y es muy difí­cil hoy, encon­trar un pro­duc­to, una mate­ria o un obje­to de uso cor­riente que pue­da acom­pañar a su dueño durante una lar­ga parte de su vida [18].

Las rela­ciones sociales lan­gui­de­cen de inani­ción antes de haber madu­ra­do, a cau­sa de la sole­dad de los habi­tantes del Pára­mo ciu­da­da­no.

El inter­és neuró­ti­co por la ins­tan­ta­nei­dad, hace que los indi­vi­duos subes­ti­men el pasa­do, lo que refuer­za la pre­sen­cia del olvi­do como una nece­si­dad de la exis­ten­cia ic et nunc. Ello induce, a su vez, el desin­te­rés por el futu­ro, lo que da lugar a una contrac­ción de la tem­po­ra­li­dad de la exis­ten­cia, a una dimen­sión cro­noló­gi­ca cuya exten­sión no supera el límite del ins­tante y su diso­lu­ción.

En tal exigüi­dad tem­po­ral, no existe ni el espa­cio ni el tiem­po (val­ga la redun­dan­cia) para ocu­parse de la his­to­ria, la moral, de los demás y, menos aún, de proyec­tos de vida.

4.6 El Desar­rai­go y la Des­con­tex­tua­li­za­ción

En todos los lugares donde ha impues­to su lógi­ca la Moder­ni­dad tardía, es posible consta­tar que mien­tras más “moder­na” es una acti­vi­dad, mayor es su diso­cia­ción de lo que fue­ra su entor­no social.

Se puede pos­tu­lar que la Moder­ni­dad deter­mi­na el desar­rai­go de las acti­vi­dades econó­mi­cas, cultu­rales y final­mente, de los indi­vi­duos.

El desar­rai­go se ha exten­di­do a todas las acti­vi­dades pro­duc­ti­vas, ponien­do en mar­cha un pro­ce­so de des­con­tex­tua­li­za­ción de los pro­duc­tos, de des­lo­ca­li­za­ción de los pro­ce­sos de pro­duc­ción y de los indi­vi­duos tra­ba­ja­dores y patrones.

« En efec­to, la pro­duc­ción agro­pe­cua­ria ya no está adscri­ta al ter­re­no del cual dependía natu­ral y orgá­ni­ca­mente. Los pol­los, ter­ne­ros y cer­dos de incu­va­do­ra, las fru­tas y ver­du­ras de inver­na­de­ro, los culti­vos hidropó­ni­cos, la indus­tria sal­mo­ne­ra, etc., son ejem­plos que hablan por sí solos de la des­vin­cu­la­ción de estas acti­vi­dades con lo que fue­ra su entor­no » [19].

La pro­duc­ción indus­trial carece de vín­cu­los deci­si­vos con el contex­to local e inclu­so nacio­nal. El volu­men de la pro­duc­ción aumen­ta, dis­mi­nuye, cam­bia o desa­pa­rece en fun­ción de nece­si­dades y reque­ri­mien­tos de mer­ca­dos exte­riores cuya esta­bi­li­dad y loca­li­za­ción varían tam­bién en vir­tud de flu­jos de la eco­nomía mun­dial.

En nues­tro país comien­za a abun­dar la pre­sen­cia de « enclaves » del desar­rai­go muy difun­di­dos en la mayoría de los países lla­ma­dos « sub­de­sar­rol­la­dos ».

Zonas Fran­cas, grandes proyec­tos hidroe­léc­tri­cos, reduc­tos turís­ti­cos des­vin­cu­la­dos de su alfoz natu­ral, condo­mi­nios habi­ta­cio­nales ais­la­dos del res­to por dis­po­si­ti­vos de segu­ri­dad sofis­ti­ca­dos. En la mis­ma medi­da en que se gene­ra­li­zan dichos enclaves, se extiende tam­bién la mono­tonía resul­tante de la apli­ca­ción de un mis­mo mode­lo o de módu­los estan­da­ri­za­dos. El entor­no de estos enclaves de moder­ni­dad pierde pro­gre­si­va­mente su sub­stan­cia al ser dre­na­dos los exce­dentes econó­mi­cos y los recur­sos huma­nos hacia ellos. La región afec­ta­da por la moder­ni­za­ción se vana­li­za, empo­brece y dis­gre­ga sus energías vacian­do su pobla­ción en la per­ife­ria de cen­tros urba­nos cada vez más pletó­ri­cos y cada vez menos aptos para la vida huma­na.

El desar­rai­go, la des­con­tex­tua­li­za­ción se mani­fies­tan en nues­tra capi­tal de un modo paté­ti­co con los proyec­tos de un estó­li­do edil santiaguino,que intentó crear playas arti­fi­ciales, o pis­tas de nieve, según la esta­ción, a orillas del Mapo­cho.

4.7 El Gigan­tis­mo Tec­noló­gi­co y la Vio­len­cia

El gigan­tis­mo tec­noló­gi­co se impone a tra­ba­ja­dores, a consu­mi­dores y a toda la ciu­da­danía, secre­tan­do su efec­to inevi­table : la vul­ne­ra­bi­li­dad, la fra­gi­li­dad y la vio­len­cia.

El gigan­tis­mo conmo­cio­na los equi­li­brios natu­rales y aplas­ta las rela­ciones sociales.

Las mega-aglo­me­ra­ciones urba­nas, los enormes petro­le­ros, las maqui­na­rias, indus­triales o agrí­co­las, super­la­ti­vas, los impe­rios econó­mi­cos pla­ne­ta­rios, los hiper­mer­ca­dos, las explo­ta­ciones agra­rias dila­ta­das sobre kiló­me­tros y kiló­me­tros cua­dra­dos, las repre­sas gigantes, los macro­com­ple­jos indus­triales, etc., todo ello es el pro­duc­to genui­no de una lógi­ca econó­mi­ca que empu­ja hacia las eco­nomías de esca­la. Esto impone con seve­ri­dad dra­co­nia­na, la obli­ga­ción de obte­ner las mayores bajas en los cos­tos de pro­duc­ción, en pro de un cre­ci­mien­to cuan­ti­ta­ti­vo.

Es tam­bién mani­fes­ta­ción de gigan­tis­mo el for­mi­dable dese­qui­li­brio de fuer­zas, la des­pro­por­ción de los recur­sos en liza, que se mani­fies­ta cuan­do un indi­vi­duo par­ti­cu­lar o una pequeña comu­ni­dad, debe defen­der sus inter­eses ame­na­za­dos por el Esta­do o por una empre­sa trans­na­cio­nal. El caso Ral­co, es un ejem­plo típi­co de ello. Su reciente desen­lace confir­ma, has­ta la sacie­dad, la vin­cu­la­ción ínti­ma e indes­men­tible, exis­tente entre gigan­tis­mo y vio­len­cia, con la consi­guiente vul­ne­ra­ción de los más ele­men­tales prin­ci­pios de jus­ti­cia.

El gigan­tis­mo va de la mano de la vul­ne­ra­bi­li­dad y la fra­gi­li­dad. Se tra­ta, esta vez, de los ries­gos sus­ci­ta­dos y ampli­fi­ca­dos por el cre­ci­mien­to inco­he­rente e incon­tro­la­do de las macroe­struc­tu­ras.

Nues­tra capi­tal es un ejem­plo irre­fu­table de ello. En efec­to, el cre­ci­mien­to urba­no de San­tia­go tiene los ras­gos de una mortí­fe­ra metás­ta­sis. La magni­tud de los pro­ble­mas es tan grande y la capa­ci­dad de las auto­ri­dades para adop­tar medi­das ade­cua­das es tan men­gua­da que una pequeña llu­via cuya dura­ción supere una hora y cuya inten­si­dad per­ma­nez­ca den­tro de los ran­gos nor­males para la esta­ción, crea situa­ciones de agu­da emer­gen­cia.

No es nece­sa­rio ningún esfuer­zo inte­lec­tual para ima­gi­nar el futu­ro, a cor­to pla­zo, de San­tia­go, si cam­bian de des­ti­na­ción las noven­ta mil hectá­reas de sue­lo agrí­co­la que sub­sis­ten en la Región Metro­po­li­ta­na. Si ello ocurre, nues­tra capi­tal tri­pli­cará su super­fi­cie construi­da, sin que hayan sido resuel­tos los pro­ble­mas que hoy asfixian la vida urba­na y a sus habi­tantes. (Desde que estas líneas fue­ron escri­tas, dicho cam­bio ha teni­do lugar ad majo­rem mer­ca­do-inmo­vi­lia­rio glo­riam). De todo ello deri­va una cre­ciente fra­gi­li­dad social, agra­va­da por la delin­cuen­cia y mil for­mas de van­da­lis­mo, de negli­gen­cia muy exten­di­da y cíni­ca indi­fe­ren­cia, en los sec­tores más concer­ni­dos y más nece­si­ta­dos de capa­ci­dad de reac­ción comu­ni­ta­ria.

La impo­ten­cia de las auto­ri­dades y la angus­tia de los ciu­da­da­nos, conver­gen en la adop­ción de medi­das que ponen al des­cu­bier­to otro aspec­to carac­terís­ti­co del gigan­tis­mo : el refor­za­mien­to de la vigi­lan­cia poli­cial y de las polí­ti­cas repre­si­vas, so pre­tex­to de dar mayor segu­ri­dad a la pobla­ción.

La pobla­ción ha ido intro­du­cien­do en la vida coti­dia­na, ele­men­tos y conduc­tas que se acer­can insi­dio­sa­mente a una espe­cie de Esta­do de Sitio lar­va­do, en el que la sos­pe­cha y el temor for­ta­le­cen el repliegue indi­vi­dua­lis­ta de cada quien en su nicho, com­pro­me­tien­do gra­ve­mente la posi­bi­li­dad de desar­rol­lo de conduc­tas de ayu­da y pro­tec­ción soli­da­ria entre los miem­bros de la comu­ni­dad.

4.8 La Contra­pro­duc­ti­vi­dad Regre­si­va de la Moder­ni­dad

No debería ser una nove­dad para nadie el consta­tar fenó­me­nos como los siguientes :

1. La fra­gi­li­za­ción de los orga­nis­mos sus­ci­ta­da por la sobre medi­ca­li­za­ción. 2. Asfixia del espa­cio urba­no debi­da a los pro­gre­sos de la cir­cu­la­ción de vehí­cu­los cuyas capa­ci­dades han sido ele­va­das gra­cias a pro­di­gios téc­ni­cos. 3. Pro­gra­ma­ción de la tele­vi­sión que aho­ra cubre las 24 horas del día gra­cias a los recur­sos publi­ci­ta­rios, pero que debe dis­mi­nuir el tiem­po consa­gra­do a infor­mar o entre­te­ner para, pre­ci­sa­mente, dar lugar a la publi­ci­dad. 4. Conges­tión que colap­sa, fre­cuen­te­mente, la dis­tri­bu­ción del cor­reo, por la infla­ción de pro­pa­gan­das y papeles de publi­ci­dad que es nece­sa­rio des­truir antes de leer para resta­ble­cer el flu­jo de nue­vos papeles publi­ci­ta­rios y pro­pa­gan­da. 5. Inten­tos de infor­mar, de las empre­sas telefó­ni­cas, de segu­ros, AFP, ISAPRES, que sólo consi­guen confun­dir al usua­rio con la sobrea­bun­dan­cia de infor­ma­ciones redun­dantes e inco­he­rentes, expre­sa­das en fac­tu­ras, pros­pec­tos y minu­tas de una com­pli­ca­ción demonía­ca. 6. Lejos de nues­tra vida coti­dia­na e ilus­tran­do la ubi­cui­dad de estos fenó­me­nos, se puede obser­var la para­do­jal situa­ción de la repre­sa de Asuán, un pro­di­gio mayor de la moder­na inge­niería, conde­na­da a fun­cio­nar muy por deba­jo de sus capa­ci­dades, a cau­sa de los « efec­tos no desea­dos » de su impac­to ambien­tal. Ras­go, este últi­mo, carac­terís­ti­co de abso­lu­ta­mente todos los macro­proyec­tos hidroe­léc­tri­cos rea­li­za­dos en el mun­do ; carác­ter esen­cial de dichas obras, cono­ci­do urbe et orbi, que sin embar­go esca­pa al enten­di­mien­to de los pro­mo­tores de la moder­ni­dad chi­len­sis. Para el ciu­da­da­no cor­riente y moliente, la contra­pro­duc­ti­vi­dad regre­si­va se pre­sen­ta inci­dio­sa y tenaz, hacien­do cada día menos razo­nable los diver­sos pro­ce­sos en que se ve invo­lu­cra­do para satis­fa­cer sus nece­si­dades.

No cabe duda de que la pro­duc­ción en gran esca­la y los pro­gre­sos téc­ni­cos que han favo­re­ci­do la baja de los cos­tos de pro­duc­ción, consti­tuyen éxi­tos irre­fu­tables desde el pun­to de vis­ta de la com­pe­ti­ti­vi­dad, de la pro­duc­ti­vi­dad y de la ren­ta­bi­li­dad. Empe­ro, no es menos cier­to que es el consu­mi­dor quien es la pri­me­ra y prin­ci­pal víc­ti­ma del des­pil­far­ro y de la irra­cio­na­li­dad que acom­pañan a esos éxi­tos econó­mi­cos. Es el consu­mi­dor quien padece los efec­tos per­ver­sos resul­tantes de la decre­ciente cali­dad de los pro­duc­tos, de la com­ple­ji­dad de su man­ten­ción y de las impo­si­ciones com­pul­si­vas del sis­te­ma. Los uti­li­za­dores de lava­do­ras dota­das de pro­gra­ma­ción sofis­ti­ca­da, cade­nas inte­gra­das de alta fide­li­dad y video, cono­cen bien los dis­gus­tos oca­sio­na­dos por las fal­las del sis­te­ma.

Aho­ra bien, si hubiese que sin­te­ti­zar en una pro­po­si­ción el sen­ti­do pro­fun­do de la regre­sión que sus­ci­ta la Moder­ni­dad en el espa­cio social, pode­mos decir que : la Moder­ni­dad, en su fase ter­mi­nal, crea y difunde el vacío social y espa­cial, y ais­la a los indi­vi­duos — físi­ca­mente y tem­po­ral­mente — fue­ra del teji­do social y del tiem­po histó­ri­co.

El mayor efec­to per­ver­so de la Moder­ni­dad, el ejem­plo más genui­no de contra­pro­duc­ti­vi­dad regre­si­va es, pre­ci­sa­mente, la total impo­ten­cia de la moder­ni­dad, lle­ga­da a su edad senil, para hacer frente al vacío que ella crea por doquier. El vacío bioló­gi­co de los espa­cios rurales deser­ti­fi­ca­dos, vacío de la convi­ven­cia cuya ima­gen es el ado­le­cente arma­do con su walk­man, vacío huma­no de los ser­vi­cios ges­tio­na­dos por la informá­ti­ca, vacío afec­ti­vo y rela­cio­nal de las cenas y vela­das que trans­cur­ren bajo la tiranía de la tele­vi­sión.

Vacío que gene­ra como resul­ta­do las condi­ciones de su pro­pia repro­duc­ción en un espi­ral ago­bia­dor y depri­mente, ante el cual los seres huma­nos pare­cen ser una pasi­va e indi­fe­rente masa de sole­dades y fati­gas.

V. A MODO DE CONCLUSIÓN : ¿ALTERNATIVAS ?

« …el proyec­to de la Moder­ni­dad todavía no se ha rea­li­za­do — afir­ma Haber­mas, y sos­tiene que -, […] el proyec­to inten­ta vol­ver a vin­cu­lar dife­ren­cia­da­mente, a la cultu­ra moder­na en una prác­ti­ca coti­dia­na que todavía depende de sus heren­cias vitales, pero que se empo­brece si se la limi­ta al tra­di­cio­na­lis­mo. Este nue­vo vín­cu­lo puede esta­ble­cerse, sólo si la moder­ni­za­ción socie­tal se desar­rol­la en una direc­ción dife­rente. (la socie­dad) deberá ser capaz de desar­rol­lar ins­ti­tu­ciones que pon­gan límites a la diná­mi­ca inter­na y a los impe­ra­ti­vos de un sis­te­ma econó­mi­co casi autó­no­mo y a sus ins­tru­men­tos admi­nis­tra­ti­vos ». He ahí la alter­na­ti­va suge­ri­da por J. Haber­mas.

Avan­zar en la pers­pec­ti­va Haber­ma­sia­na, y « com­ple­tar » el proyec­to de la Moder­ni­dad, impli­ca la super­a­ción del mode­lo de desar­rol­lo fun­da­do en esta ver­da­de­ra bar­ba­rie eco­no­mi­cis­ta , cuya mani­fes­ta­ción ideoló­gi­ca es la mer­ca­do­la­tría, y cuya expre­sión polí­ti­ca es lati­ranía de los econó­cra­tas.

Al dog­ma­tis­mo eco­no­mi­cis­ta sólo se le puede opo­ner con éxi­to, no un nue­vo cre­do o una doc­tri­na, sino el más irres­tric­to plu­ra­lis­mo. Un plu­ra­lis­mo real, vivo, dina­mi­za­do por la libre confron­ta­ción de concep­ciones diver­sas pos­tu­la­das por suje­tos que se consi­de­ren inter­lo­cu­tores váli­dos.

Se tra­ta, en fin de cuen­tas, de una prác­ti­ca inter­sub­je­ti­va enrai­za­da en un conjun­to de valores com­par­ti­dos, unos « míni­mos morales » sin los cuales no es posible una vida social respe­tuo­sa de la digni­dad de cada indi­vi­duo.

El plu­ra­lis­mo coadyu­va a la emer­gen­cia de visiones com­ple­jas de la rea­li­dad, de suerte que los dis­tin­tos órdenes en los que tiene lugar la praxis huma­na sean ade­cua­da­mente consi­de­ra­dos. Esto signi­fi­ca que el sim­plis­mo eco­no­mi­cis­ta, que reduce la vida social al fun­cio­na­mien­to del mer­ca­do, deba ser reem­pla­za­do por una com­pren­sión com­ple­ja de la rea­li­dad antro­po­so­cial, en la que se consi­dere con igual legi­ti­mi­dad, los hechos y pro­ce­sos pro­pios del orden econó­mi­co, téc­ni­co-cientí­fi­co, polí­ti­co-jurí­di­co, moral, éti­co, etc.

Para que nues­tra socie­dad pue­da pro­te­gerse de los efec­tos per­ver­sos de esta Moder­ni­dad senil, es nece­sa­rio que cese la capi­la­ri­dad que vin­cu­la el « Paraí­so del consu­mo » y su pletó­ri­ca paco­tilla, con el « Pára­mo del ciu­da­da­no ».

En la medi­da en que dis­mi­nuya la com­pul­sión « eco­no­mi­cis­ta » en la vida coti­dia­na de cada uno de noso­tros, es dable ima­gi­nar una socie­dad en la que la moder­ni­za­ción se tra­duz­ca en desar­rol­lo y libe­ra­ción de cuer­pos y espí­ri­tus. Una socie­dad en la que Moder­ni­dad vuel­va a signi­fi­car nove­dad, no aquel­la efí­me­ra lla­ma­ra­da que no deja ras­tros, sino « la ver­da­de­ra nove­dad que per­du­ra… aquel­la que ha reto­ma­do todos los hilos de la tra­di­ción, y los ha teji­do for­man­do un moti­vo que la tra­di­ción no podía tejer » [20].

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[1] Fer­nan­do Pes­soa, Ero­stra­tus. Cita­do por Edgard Morin,in Las ideas, El Méto­do, tomo IV, p.91

[2] J.J. Brun­ner, Bien­ve­ni­dos a la Moder­ni­dad, p. 17 ; Dol­men Edi­ciones, San­tia­go de Chile, 1994.

[3] J.J.Brunner, ”Moder­ni­dad, Cen­tro y Per­ife­ria. Claves de lec­tu­ra”. Estu­dios públi­cos, Nº 83 invier­no de 2001, CEP.

[4] Haber­mas, Dis­cur­so Filosó­fi­co de la Moder­ni­dad, p. 11, Tau­rus, Bar­ce­lo­na. 1993.

[5] J. Haber­mas, La Moder­ni­dad, un proyec­to incom­ple­to.

[6] Jorge Lar­raín, Trayec­to­ria Lati­noa­me­ri­ca­na a la Moder­ni­dad. Estu­dios Públi­cos N°66, otoño 1997, CEP.

[7] En su ensayo Chile Actual, Ana­tomía de un Mito, LOM Edi­ciones, San­tia­go 1998, Tomás Mou­lian acuñó esta afor­tu­na­da expre­sión para carac­te­ri­zar a nues­tro país en esta eta­pa de su his­to­ria

[8] Mar­cos García de la Huer­ta, Reflexiones Ame­ri­ca­nas, Ensayos de intra­his­to­ria. Lom Edi­ciones, 1999, p.222.

[9] M. García de la Huer­ta, op cit. p. 223

[10] Charles Tay­lor, Eti­ca de la auten­ti­ci­dad, p. 38, Fon­do de Cultu­ra Econó­mi­ca. México,1994

[11] Ibi­dem

[12] Ibi­dem

[13] Charles Tay­lor, op cit, p. 41.

[14] Charles Tay­lor, op cit p. 44

[15] Mar­cos García de la Huer­ta, op. cit. p. 222.

[16] Mar­cos García de la Huer­ta, ibi­dem. Coin­ci­dentes con las del pro­fe­sor García de la Huer­ta, en este pun­to, son las opi­niones de A. Hirsh­mann, cuan­do expone las tres prin­ci­pales razones con que el conser­van­tis­mo defiende el sta­tu quo : 1º-los ries­gos que supone el cam­bio ; 2º- la futi­li­dad del cam­bio, y 3º- los efec­tos contra­pro­du­centes del cam­bio. Cf. ”Las retó­ri­cas de la intran­si­gen­cia”.

[17] Jean Ches­neaux. De La Moder­ni­té, La Découverte/Maspero, Paris. 1983, p. 16.

[18] La inquie­tante tras­cen­den­cia de lo “efí­me­ro” se deja apre­ciar tan­to más, a la luz de lo expre­sa­do por H.Arendt, cap. IV, apar­ta­do 18, acer­ca del “carác­ter dura­de­ro del mun­do” ; cf. Han­nah Arendt, “La Condi­ción Huma­na”, Paidós, Bar­ce­lo­na, 1993.

[19] J. Ches­neaux, op. cit p. 17

[20] Fer­nan­do Pes­soa, Ero­stra­tus. Cita­do por Edgard Morin, in Las ideas, El Méto­do, tomo IV, p.91




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