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FACUNDO CABRAL IN MEMORIAM


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¡¡Han ase­si­na­do a otro her­ma­no!!

Ha de ele­gir bien su mel­ga quien se ten­ga por can­tor

Porque sólo el impos­tor se aco­mo­da en toda huel­la:

Que siga una sola estrel­la

Quien quie­ra ser sem­bra­dor”.

Facun­do Cabral siguió la enseñan­za de Ata­hual­pa Yupan­qui, y sem­bró mucho, de lo mejor, por cier­to, y por muchas partes.

La bar­ba­rie ha inter­rum­pi­do para siempre la siem­bra de huma­ni­dad que este tier­no-vie­jo-fra­ter­no-can­tor lle­va­ra a cabo durante varias déca­das

¿Qué decir, qué sen­tir, qué hacer, ante el hor­ror y el daño irre­pa­rable.

Las pala­bras que conven­dría pro­nun­ciar, ya casi no cir­cu­lan, o han per­di­do su sen­ti­do ori­gi­nal, pues no per­te­ne­cen al voca­bu­la­rio “nues­tro de cada día”. Es que el len­guaje actual está aque­ja­do de raqui­tis­mo ter­mi­nal a cau­sa del virus de la mer­ca­do­fi­lia y de los mias­mas tele­vi­si­vos, que reser­van a la pala­bra la infe­liz tarea de trans­mi­tir el mise­rable nar­ci­sis­mo de los cara­du­ras de la polí­ti­ca y los nego­cios y de los “ros­tros” de la tele­vi­sión.

Decir cuán­to pesar nos embar­ga, hablar de lo que per­de­mos cuan­do un artis­ta es ase­si­na­do, cla­mar nues­tra indi­gna­ción, todo ello es nece­sa­rio e insos­layable, pero nues­tros dichos desa­pa­re­cerán, inevi­ta­ble­mente en el océa­no de deshe­chos y paco­tillas de esta Moder­ni­dad de mer­ca­chifles neo­li­be­rales.

Nos que­da, sin embar­go, por decir algo que puede ser deci­si­vo, pode­mos, y debe­mos decir NO:

NO MÁS acep­ta­ción fata­lis­ta del hor­ror como si se tra­tase de un inelu­dible tri­bu­to a pagar, en vir­tud de no sé qué des­ti­no.

NO MÁS com­pli­ci­dad de los gobier­nos, de sus policías y sus magis­tra­dos con los cri­mi­nales.

NO más pues­tas en esce­na de gro­tes­cos simu­la­cros de jus­ti­cia.

NO más reco­chi­neo comu­ni­ca­cio­nal en el que necró­fi­los “per­io­dis­tas” y obs­ce­nos opinó­lo­gos, bana­li­zan el mal tra­fi­can­do con la ver­dad.

En esta hora de due­lo, ¿qué sen­ti­mien­to alber­gar para impe­dir que la indi­gna­ción, la desazón, no encien­dan en noso­tros pri­ma­rios ins­tin­tos des­truc­tores que nos obnu­bi­len y degra­den hacién­do­nos expe­ri­men­tar odio, ren­cor y el mis­mo ape­ti­to de ven­gan­za, que los cri­mi­nales?

Es impres­cin­dible y urgente, que erra­di­que­mos de noso­tros el sen­ti­mien­to de impo­ten­cia.

La inde­fen­sión en que cada uno de noso­tros se hal­la frente a la vio­len­cia y al poder de aquel­los que la ejer­cen e impo­nen por doquier, es dramá­ti­ca y ago­bia­do­ra. Pero, la impu­ni­dad que la per­petúa tiene sus raíces en noso­tros, en el mie­do nues­tro que insi­dio­sa y mali­gna­mente nos induce a cal­lar, nos per­suade de que no es jui­cio­so ir contra la cor­riente, nos invi­ta a eclip­sar­nos cuan­do se requiere de nues­tra pre­sen­cia. Ese mie­do que nos ayu­da a comul­gar con rue­das de moli­no, mie­do que nos impide ver como el confor­mis­mo nos va tor­nan­do amné­si­cos, pusilá­nimes y cobardes; mie­do que, en fin de cuen­tas, nos convierte en desen­can­ta­dos cal­cu­la­dores.

Este no es un cán­di­do lla­ma­do al heroís­mo que supues­ta­mente cada quien lle­va escon­di­do en su fue­ro inter­ior; las Rigo­ber­tas Men­chú, des­gra­cia­da­mente, no nacen todos los días ni en todas las lati­tudes. Lo que debe­mos, y pode­mos hacer, es ven­cer los obstá­cu­los que en nues­tro espí­ri­tu, se opo­nen a la com­pren­sión de la rea­li­dad en que vivi­mos y que contri­bui­mos a per­pe­tuar, pero que, tam­bién pode­mos modi­fi­car.

Es urgente que reco­noz­ca­mos, en noso­tros mis­mos, los cau­dales de energía de los que somos depo­si­ta­rios; energías que hoy son des­pil­far­ra­das en la peno­sa tarea de sub­sis­tir for­ján­do­nos ilu­so­rias y devo­ra­do­ras pers­pec­ti­vas que no condu­cen a nin­gu­na parte.

Debe­mos asu­mir la difí­cil tarea de des­cu­brir que somos suje­tos aptos, no tan sólo para opi­nar, sino para deci­dir acer­ca de cosas impor­tantes para cada quien y para la comu­ni­dad. Debe­mos redes­cu­brir hoy, la tre­men­da signi­fi­ca­ción de lo que “osar saber” puede tener para cada uno de noso­tros aquí y aho­ra.

Luci­dez y coraje pues, es lo que nece­si­ta­mos, para com­pren­der que el ase­si­na­to de nues­tros her­ma­nos no es obra de un sino fatal o de una sór­di­da intri­ga de incon­fe­sables moti­vos.

El ase­si­na­to de Facun­do Cabral, como el de Víc­tor Jara, y el de tan­tos otros “com­pañe­ros del alma”, son hechos que repre­sen­tan, concen­tra­da­mente, la esen­cia del Siglo XX que no ter­mi­na de morir. Son hechos que, como des­gar­ra­dores relám­pa­gos, ilu­mi­nan fugaz­mente la rea­li­dad, mos­tran­do todo aquel­lo que lesio­na y ofende a nues­tra huma­na condi­ción.

En asun­tos del can­tar, que mire el hombre pa’ den­tro

Donde se hacen los encuen­tros de pesares y sen­tires;

Des­pués, que tire onde tire

Con la conscien­cia por cen­tro”.

Des­can­sa en paz her­ma­no.

Gabriel Sali­nas Álva­rez

 




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    2 réponses “FACUNDO CABRAL IN MEMORIAM

    1. 15 octobre 2016 à 2 h 31 min

      Quie­ro reno­var amis­tad con Gabriel Sali­nas Alva­rez. Maru­ja Farías Rodrí­guez.

      • Igor Babou 16 octobre 2016 à 11 h 21 min

        No sé si Gabriel lee este sitio aho­ra. Quizás puedes contac­tar Joëlle Le Marec (en este sitio) porque ella tiene su contac­to direc­to.

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