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	<title>Indiscipline ! &#187; chili</title>
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	<description>Recherche, université, culture, institutions et critique sociale</description>
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		<title>La modernidad Chilena, una modernidad sui generis</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Apr 2007 17:07:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gabriel Salinas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Gabriel Salinas Alvarez (Doctor en Ciencias sociales, Santiago, Chile) Las reflexiones que siguen, carecen, en sentido estricto, de toda originalidad, y declararlo no esni cláusula de estilo ni precaución oratoria, destinadas a maquillar una falsa modestia. En efecto, la gran mayoría, sino la totalidad, de las ideas aquí expresadas, han sido ya desarrolladas por numerosos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Gabriel Salinas Alvarez (Doctor en Ciencias sociales, Santiago, Chile)</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-161" style="margin: 5px;" title="chile-con-regiones" src="http://indiscipline.fr/wp-content/uploads/2007/04/chile-con-regiones.gif" alt="chile-con-regiones" width="124" height="432" />Las reflexiones que siguen, carecen, en sentido estricto, de toda originalidad, y declararlo no esni cláusula de estilo ni precaución oratoria, destinadas a maquillar una falsa modestia. En efecto, la gran mayoría, sino la totalidad, de las ideas aquí expresadas, han sido ya desarrolladas por numerosos autores, respecto de quienes mi deuda es evidente e inmensa. Entre ellos, sólo menciono aquí a jean Chesneaux cuyos luminosos análisis de la Modernidad desarrollados en De la Modernité (1981) y Modernité-Monde (1983), constituyen buena parte del fundamento de este texto. El cuarto de siglo transcurrido desde la publicación de ambos libros, no hace sino confirmar las hipótesis de Chesneaux, dando a sus proposiciones una singular pertinencia y una indiscutible actualidad. Si alguna novedad hay en este ensahyo, ella radica, no en las ideas y conceptos expuestos en él, sino en el intento de urdir con ellos una trama explicativa radicalmente opuesta al discurso oficial. La novedad que pueden reivindicar estas líneas, es aquella de la que habla Fernandopessoa : « &#8230;aquella que ha retomado todos los hilos de la tradición, y los ha tejido formando un motivo que la tradición no podía tejer. » [1]</p>
<p><strong>I. UNA SOCIEDAD MODERNA</strong></p>
<p>Nuestra sociedad se moderniza a ojos vista y, a pesar de la prevalencia de muchos arcaísmos, Chile luce cada día más moderno, haciéndose fuerte la tentación de pensar que la Modernidad es un horizonte hacia el que vamos navegando, nolens volens, en una trayectoria a la cual es inútil oponerse pues pareciese haber algo de inexorable en este movimiento.</p>
<p>« <em>La modernidad ha dejado de ser una elección » afirma José Joaquín Brunner, « es un hecho de la época, contradictoriamente asumido por las sociedades y grupos dirigentes. Viene de la mano con la globalización de los mercados y de la democracia, con la expansión de la educación y de las industrias culturales, con una ampliación de las expectativas de consumo y la mutación de valores ; con los cambios en la estructura demográfica y familiar, con los procesos de urbanización y de masificación de la vida en general </em>» [2].</p>
<p><span id="more-159"></span></p>
<p>El mismo Brunner agrega, en otro lugar : « Al contrario de lo que se dijo sobre el siglo XIX latinoamericano, ahora, nuestras actitudes vitales están cambiando, mas no nuestras ideas y nuestras leyes, y la inteligencia parece atemorizada frente al futuro, al mismo momento en que las masas se incorporan conflictiva e inexorablemente a la sociedad moderna » [3].<br />
<em><strong><br />
1.1 El término « Modernidad » representa una idea ambigua de contornos difusos. </strong></em>Podría decirse que la noción de Modernidad alude grosso modo a un tipo de civilización que, por sus peculiaridades, contrasta con las culturas tradicionales. Mientras éstas son localizadas geográficamente y de una irreductible diversidad, la Modernidad se impone, homogénea y compacta, en un movimiento centrífugo desde el Occidente europeo hacia el resto del planeta.<br />
<em><strong><br />
1.2 Es en el período comprendido entre las Revoluciones de finales del siglo XVIII y la Primera Guerra Mundial, que la Modernidad alcanza su maduración.</strong></em> Jurgen Habermas señala que fue en la obra de los poetas y filósofos alemanes de los siglos XVIII y XIX, que la Modernidad adquirió « conciencia del tiempo » satisfaciendo su necesidad de autocercioramiento. Testimonio de ello es la presencia recurrente en el discurso filosófico de la época de conceptos tales como : « revolución, progreso, emancipación, desarrollo, crisis, espíritu de la época, etc. » [4].</p>
<p><em><strong>1.3 La Ilustración se hará cargo de los problemas que la modernización venía planteando, desde el Renacimiento, a la sociedad occidental.</strong></em> Bajo el influjo de Las Luces, esos procesos adquirirán un carácter innovador y una dimensión universal.</p>
<p>« El proyecto de modernidad formulado por los filósofos del iluminismo en el siglo XVIII &#8211; escribe J. Habermas &#8211; se basaba en el desarrollo de una ciencia objetiva, una moral universal, una ley y un arte autónomos y regulados por lógicas propias. Al mismo tiempo. este proyecto intentaba liberar el potencial cognitivo de cada una de estas esferas de toda forma esotérica. Deseaban emplear esta acumulación de cultura especializada en el enriquecimiento de la vida diaria, es decir, en la organización racional de la cotidianeidad social » [5].<br />
<strong><br />
II. UNA MODERNIDAD “EN LA MEDIDA DE LO POSIBLE”</strong></p>
<p>« <em>&#8230; podría decirse que nacimos en la época moderna, sin que nos dejaran ser modernos</em> » [6].</p>
<p>En efecto, en el proceso de modernización de las ex-colonias españolas tendrán un peso preponderante los requerimientos y las necesidades del capitalismo industrial en plena expansión, en detrimento del ideario emancipador de la Ilustración.</p>
<p>El capitalismo industrial se impondrá como modo de producción, hegemónico, abriendo un período de historia contemporánea fuertemente marcado por la espasmódica sucesión de turbulencias, crisis y desastres mayores.</p>
<p>Múltiples y mortíferas campañas coloniales, guerras mundiales. Desastres potenciados por los horrores de dos infiernos totalitarios, y por la barbarie tecnocientífica que hará pender sobre la humanidad entera la probabilidad (cada vez más alta) de exterminio de la vida en el planeta. Esos son algunos de los factores que transmutaron el metarrelato moderno, &#8211; que hablaba de una búsqueda progresiva de autonomía ciudadana ; de dominación de la Naturaleza y de conciliación de comunidad y sociedad-, en una inenarrable y tenebrosa saga del terrorismo de Estado y del horror totalitario.</p>
<p><em><strong>2.1 Es en ese contexto histórico, marcado por el ascenso del capitalismo industrial, que nuestro país ingresa a la Modernidad.</strong></em> La suya será una Modernidad sui géneris, que tendrá muy poco en común con aquella cultura ambigua, crítica y feraz, que fascinara a Baudelaire.</p>
<p>La Modernidad criolla manifiesta, desde sus comienzos y de manera relevante, lo que es hoy el rasgo dominante de la Modernidad planetaria : ser un factor de orden y estabilización en lugar de ser un aguijón crítico e innovador.</p>
<p>La cultura de esta Modernidad chilensis se ha distanciado de la Modernidad del siglo XIX y del primer tercio del XX, también por el desplazamiento de sus centros de interés. Así, la atención se desliza de lo efímero hacia lo inerte ; de la fulguración espontánea hacia la norma ; de la atracción seductora hacia la compulsión ; del inconformismo radical al conformismo ramplón.</p>
<p><strong>III. SINCRETISMO Y PARADOJAS EN NUESTRA MODERNIDAD</strong></p>
<p>Durante las tres últimas décadas, nuestra Modernidad ha experimentado una aceleración de su desarrollo, acentuando sus contradicciones y paradojas. De un modo muy esquemático, la sociedad chilena de hoy puede ser representada por un binomio, cuyos términos son : « el Paraíso del consumidor, y el Páramo del ciudadano » [7].</p>
<p>Se trata, no de dos términos antitéticos destinados a fundirse (algún día) en una síntesis superior, sino, de dos partes interdependientes de la realidad nacional cuya interacción va « deshilando » pacientemente el tejido social.</p>
<p>El profesor Marcos García de la Huerta ilustra de manera convincente el carácter sincrético de nuestra Modernidad, al escribir : « Se ha producido [...] la confluencia de dos tendencias poderosas, pero en inevitable contraposición. Por una parte, un culto idolátrico del desarrollo, la transferencia tecnológica, la productividad y la competitividad, unido a una disposición ultraconservadora en el campo de las preferencias estéticas, las ideas morales y religiosas. Esta esquizofrenia traduce la tensión entre las seducciones de la nueva sociedad de consumo y un conservantismo a ultranza en el orden cultural » [8].</p>
<p>La ambivalencia que deriva de este maridaje de contrarios, se manifiesta en todos los órdenes de la vida nacional. El profesor García de la Huerta lo confirma escribiendo : « La misma mezcla de fundamentalismo y liberalismo se observa en la transferencia tecnológica y las comunicaciones. Llegan raudamente los sistemas electrónicos y de comunicación de última generación, pero se mantiene un control inquisitorial sobre lo que se comunica » [9].</p>
<p><em><strong>3.1 Nuestra Modernidad reproduce, con las particularidades locales, las causas de malestar que la modernización capitalista ha suscitado en otras latitudes</strong></em> [10]</p>
<p>El individualismo es, sin duda, uno de los logros más decisivos de la Modernidad. Asumir las modernas libertades, implicó para el individuo la ruptura de viejas lealtades y solidaridades que lo vinculaban orgánicamente a un orden tradicional. El grado creciente de autonomía que el sujeto conquista en la Modernidad, tiene una contrapartida a no desdeñar : « La libertad moderna sobrevino gracias al descrédito de dichos órdenes (tradicionales). Pero al mismo tiempo que nos limitaban, esos órdenes daban sentido al mundo y a las actividades de la vida social » [11].</p>
<p>En este « desencantado mundo » de la Modernidad, son muchos los individuos a quienes les resulta muy difícil, sino imposible, asignar fines relevantes a sus existencias ; ello fortalece la apatía, la indiferencia y el repliegue de cada quien en su nicho, con el inevitable detrimento de las relaciones interpersonales y de la vida social en su conjunto.</p>
<p><em><strong>3.2 A ello se añade otro fenómeno fundamental de la vida moderna : la primacía absoluta de la Razón Instrumental</strong></em> [12]</p>
<p>En efecto, ella ha extendido su control sobre todas las cosas y, « [...] además, amenaza con apoderarse de nuestras vidas. El temor se cifra en que aquellas cosas que deberían determinarse por medio de otros criterios, se decidan en términos de eficiencia o de análisis coste beneficio ; que los fines independientes que deberían ir guiando nuestras vidas, se vean eclipsados por la exigencia de obtener el máximo rendimiento » [13].</p>
<p><em><strong>3.3 El imperio de la Razón Instrumental, se aviene mal con el desarrollo de la libertad de los individuos y de los grupos</strong></em></p>
<p>En efecto, las decisiones relativas a los más diversos dominios de la vida de todos los días, son adoptadas con total prescindencia de la opinión, de las necesidades, de los deseos de las personas [14]. Los efectos de ello en el dominio político son extremadamente alarmantes. Un sentimiento de impotencia se adueña de individuos y colectividades, ante el inexorable peso de las macrotendencias de la Modernidad, de modo que los sujetos prefieren recluirse en la esfera privada, dejando el espacio público en manos de “operadores” expertos en toda suerte de reingenierías.</p>
<p><em><strong>3.4 Lo que de nuestra Modernidad suscita un verdadero asombro, es la total discordancia existente entre lo que ocurre en la prosaica realidad y el discurso de las autoridades</strong></em></p>
<p>A cada uno de los grandes propósitos invocados por la retórica neoliberal, corresponde, en la vida corriente y moliente de los ciudadanos, un efecto no deseado que termina por imponerse, pervirtiendo las iniciativas que arrojan resultados diametralmente opuestos a los manifestados por la autoridad. Ello favorece la deslegitimación de quienes toman las decisiones, suscita la apatía creciente de la población que participa cada vez menos en un espacio público fragmentado y valdío ; todo ello potenciado por un individualismo que no es más que anómica atomización.</p>
<p><strong>IV. LOS EFECTOS PERVERSOS DE LA MODERNIDAD</strong></p>
<p>Uno de los rasgos más notables de la Modernidad neoliberal en su fase tardía, es su hiperideologización. La tantas veces proclamada « muerte de las ideologías », no es otra cosa que una vasta gesticulación oratoria de los mercadófilos, destinada a ocultar el predominio absoluto de la más primaria y virulenta ideología capitalista. Es una intemperante apología del libre mercado, lo que subyace al acriticismo y a la arrogante autosatisfacción de los que hacen gala la intelligentsia neoliberal y sus comunicadores. Puede considerarse como un signo de senilidad de este modelo de desarrollo, el que la idea central de su ideología haga suyo un antiguo prejuicio ontológico, según el cual : « La sociedad posee, en sí misma, un orden, un funcionamiento racional que es aventurado e insensato intentar modificar » [15].</p>
<p>Por ello, « <em>criticar el tipo de racionalidad del Mercado, es lo que se hace aparecer como irracional, porque es disfuncional a su mecanismo</em> » [16].</p>
<p>Todo ésto no es imaginable sino en una sociedad en la cual han desaparecido las ideologías críticas, alternativas, bajo el peso megalítico de la hiperideología neoliberal.</p>
<p>Sin embargo, la todopoderosa ideología del laissez faire pierde pie y capacidad de persuasión cuando las evoluciones no previstas, los resultados no deseados y los efectos perversos del libre juego de las leyes del Mercado, dejan de ser fenómenos marginales, aumentando tendencialmente su frecuencia, y pasan de la periferia al centro de la escena nacional.</p>
<p>Es casi una perogrullada, decir que los « efectos perversos » a los que me referiré en las líneas que siguen, son perceptibles, en toda su magnitud, si, y solamente si, nuestra mirada transgrede los mezquinos linderos de la mercadolatría y consideramos que la vida social, (más aún la vida strictus et latus sensus), no es reductible al orden económico ni a la manipulación de las cosas.</p>
<p>Examinemos pues, algunos de los numerosos efectos perversos que caracterizan esta sui géneris Modernidad nuestra.</p>
<p><em><strong>4.1 La Normalización</strong></em></p>
<p>El modo de inserción de la sociedad chilena en el proceso de globalización de la economía mundial, impone al país un exigente requerimiento de normalización de los productos, de los procesos de producción y de los hábitos de todos los actores del mercado.</p>
<p>Esto se traduce en la puesta en vigor de normas cuyo margen de maniobra no cesa de ampliarse.</p>
<p>Cada producto, cada situación, cada comportamiento, está determinado por Normas y por Perfiles. Es decir, están definidos respecto de valores cuantificables, controlables.</p>
<p>La conformidad con las normas está por encima y determina las funciones reales. Todo es así serializado, los hombres como las cosas. Un modelo único es reproducido hasta el infinito, reduciendo al máximo las desviaciones respecto del Tipo-Ideal.</p>
<p>Lo singular, lo diferente, crea problemas, origina molestia, cuando no suscita la sospecha.</p>
<p><em><strong>4.2 Los Flujos y Circuitos</strong></em></p>
<p>Forman parte de nuestro vocabulario corriente, desde hace un cierto tiempo, términos como : itinerario profesional, flujos productivos, circuitos comerciales, interconección y reticulación de las relaciones sociales, etc. Esto no enriquece ni el lenguaje ni nuestra visión del mundo, pues en lugar de ampliar el campo semántico con analogías pertinentes, restringe la comunicación a una cada vez más pobre tecnonimia derivada de las técnicas « de punta ».</p>
<p>Las iniciativas personales y los comportamientos colectivos son sometidos a itinerarios inexorables que generalmente no guardan ninguna relación con los intereses de las personas particulares.</p>
<p>Este fenómeno de organización compulsiva de la actividad humana en circuitos y flujos se manifiesta, incluso, en la organización de las vacaciones, del descanso y del entretenimiento.</p>
<p>Ello se verifica en todas las operaciones sociales y técnicas implicadas en la compra de un bien durable, en la solicitud de un crédito hipotecario o en la postulación a un Fondo para la investigación científica.</p>
<p>El espacio urbano es destruido y desarticulado, sucumbiendo bajo la hegemonía de la circulación motorizada y del tránsito organizado en circuitos.</p>
<p>Santiago ha perdido y sigue perdiendo, ante la total indiferencia de la mayoría, no sólo el carácter de sus barrios de mayor valor urbanístico, sociológico e histórico, sino que pierde aceleradamente lo esencial de toda ciudad, constituir un marco adecuado al desarrollo cultural y moral de sus habitantes. Hoy ya es peligroso habitar en muchos sectores de la capital y quienes pueden emigrar, no dudan en hacerlo.</p>
<p>La calle es hoy una zona de alto riesgo, en la cual ya no es posible anudar ni tejer relaciones sociales con que alimentar la vida comunitaria.</p>
<p>Los nuevos complejos urbanos construidos en nuestro país, han sido diseñados, dando la prioridad absoluta a la circulación de los automóviles, por encima de toda otra actividad social, de suerte que todo lo demás está supeditado a las necesidades del vehículo motorizado.</p>
<p>« <em>La velocidad, en la medida en que ella representa la potencia y el poder, se ha convertido en un fundamento de la vida social bajo la Modernidad. Ante nuestros ojos se erije y consolida la “dromocracia”, bajo cuya férula la promoción social se mide en los kilómetros recorridos en auto o en avión. [...] En resumen, las relaciones de circulación aplastan y deterioran profundamente la realidad esencial de cada lugar, de cada persona, de cada objeto. Gentes, productos e ideas, tienen que circular bajo la Modernidad dromocrática, y mientras más rápida sea esta circulación más se valoriza la persona, el sistema o el objeto en movimiento</em> » [17].</p>
<p><em><strong>4.3 La Codificación</strong></em></p>
<p>La codificación que impone la Modernidad declinante, no tiene mucho que ver con los sistemas de reglas sociales que se ha dado la comunidad humana con el fin de racionalizar el uso de los recursos disponibles y optimizar el desarrollo de los individuos y de la colectividad.</p>
<p>La codificación considerada aquí, se reduce al ordenamiento de signos, a la producción de simulacros que, poco a poco, han ido substituyendo a la realidad concreta. La codificación, así entendida, va aislando uno de los elementos del todo, privilegiando una función de la abigarrada realidad social, degradándola, reduciéndola, empobreciéndola al extremo de desdibujar su naturaleza.</p>
<p>En los más diversos dominios de la vida pública o privada, los códigos transmiten órdenes, exhortaciones e inducen la aparición de conductas estereotipadas.</p>
<p>Los códigos filtran y aseptisan los intercambios sociales y, al mismo tiempo, abren o cierran el acceso de los individuos a servicios, a instalaciones, colocándose como intermediarios obligados e ineludibles que separan la actividad individual y el quehacer social de la comunidad.</p>
<p>La aparición y presencia invasora de los códigos numéricos, nos impone severas restricciones cuando omitimos su uso en una gestión bancaria, en cualquier trámite administrativo, universitario, hasta puede determinar la posibilidad de entrar o salir del estacionamiento o ingresar al trabajo en la oficina si se ha olvidado el ”número” o la tarjeta magnética.</p>
<p>La codificación del espacio perturba seriamente la capacidad de orientación de muchas personas y, por lo tanto, la calidad de sus relaciones con la realidad ambiente. La desaparición de los nombres del recorrido de los microbuses en Santiago y su reemplazo por números de varios dígitos, cuya lógica constituye una especie de “secreto de Estado”, ha significado una pérdida severa de referencias espaciales a muchos habitantes de la capital.</p>
<p>Estos cambios no ocasionan solamente desorientación y confusión, sino que debilitan el conocimiento de la realidad al hacer desaparecer nombres que sintetizan o remiten a complejos socioculturales mayores. Es lo que ha ocurrido con el reemplazo de los nombres de las antiguas provincias del país, por adjetivos ordinales que acompañan al substantivo Región. Todo cuanto era evocado en el solo enunciado de nombres tales como : Tarapacá, Chiloé, Colchagua etc., queda ahora en la sombra y pasará al olvido por ausencia en la interlocución cotidiana.</p>
<p>La denominación « IV Región » es neutra y quizá ello tenga alguna importancia técnico-administrativa, es posible. Pero lo que no admite dudas es que, esa “neutralidad” aleja y disocia radicalmente la designación actual, de la realidad socio histórica que ella supone representar. Erosión de la cultura por entropía de la información ; la complejidad de lo real se esfuma detrás del simulacro del signo. He ahí otro efecto perverso de la Modernidad.<br />
<em><strong><br />
4.4 Las Protesis</strong></em></p>
<p>Se trata de elementos auxiliares que, en el contexto sociocultural de nuestros días, llegan a ser absolutamente indispensables, a tal extremo que en su ausencia, los individuos pierden toda posibilidad de encontrar soluciones alternativas de manera autónoma.</p>
<p>Los lectores de cassettes o de CD del tipo « personal », son una de las prótesis más invasoras y se difunden en todos los medios. Ellos crean una dependencia enorme de los individuos que los portan, rompiendo la comunicación con el entorno de un modo cercano al autismo.</p>
<p>La televisión, reina de las prótesis hogareñas, ejerce su tiranía desde lo más íntimo de la vida material y espiritual de los modernos televidentes.</p>
<p>Estas prótesis implican el alejamiento y la exclusión del otro en toda una vasta gama de relaciones y operaciones sociales y técnicas habituales. Los distribuidores de dinero, las custodias automáticas, los porteros eléctricos, los surtidores de bencina, los dispositivos de auto-servicio en restaurantes y supermercados, los respondedores automáticos, son otras tantas prótesis cuya presencia se ha tornado insustituible para la vida moderna. Presencia invasiva que excluye y degrada la calidad de las interacciones humanas despojándolas de todo valor moral.</p>
<p>A lo dicho se agrega la rigidez como otro rasgo propio de las prótesis de la modernidad declinante : rigidez que encontramos cada día en los enchufes eléctricos que no pueden ser reparados pues son compactos, sellados, inmodificables. Esta rigidez se impone por encima de la voluntad de los usuarios, forzándolos al consumo de nuevos productos, irreparables, inadaptables, deshechables, en fin, no reciclables.</p>
<p>Este tipo de prótesis incide en el modo de expresión y de manifestarse de la subjetividad de los individuos. El carácter neutral de una pantalla de cristal líquido o de un juego electrónico, no suscita ninguna experiencia afectiva en su propietario o utilizador. El trabajo del diseñador busca el modo más eficaz de optimizar la función del objeto, dentro de los rígidos cánones de la normalización y de la rentabilización del producto. Los consumidores tendrán que aceptar el diseño, y si ello no es de manera espontánea, la publicidad se encargará del resto.</p>
<p><em><strong>4.5 Lo Efímero e Instantáneo</strong></em></p>
<p>La Modernidad claudicante es también la reducción, llevada al paroxismo, de toda temporalidad a lo inmediato ; es una carrera loca hacia lo obsoleto, hacia la caducidad de todos los objetos.</p>
<p>Los artículos de consumo cultural son artefactos destinados a ser arrojados a la basura en cuanto han sido utilizados.</p>
<p>Las masas enormes de papel de los periódicos y de la publicidad, que invaden y se amontonan en casas y oficinas, no alcanzan a entregar la información que contienen antes de ir al vertedero.</p>
<p>Todos los productos de esta modernidad tienen una vida útil cada vez más corta. Las nuevas construcciones, los automóviles, los electrodomésticos envejecen mal y precozmente. Los nuevos materiales se degradan prematuramente y es muy difícil hoy, encontrar un producto, una materia o un objeto de uso corriente que pueda acompañar a su dueño durante una larga parte de su vida [18].</p>
<p>Las relaciones sociales languidecen de inanición antes de haber madurado, a causa de la soledad de los habitantes del Páramo ciudadano.</p>
<p>El interés neurótico por la instantaneidad, hace que los individuos subestimen el pasado, lo que refuerza la presencia del olvido como una necesidad de la existencia ic et nunc. Ello induce, a su vez, el desinterés por el futuro, lo que da lugar a una contracción de la temporalidad de la existencia, a una dimensión cronológica cuya extensión no supera el límite del instante y su disolución.</p>
<p>En tal exigüidad temporal, no existe ni el espacio ni el tiempo (valga la redundancia) para ocuparse de la historia, la moral, de los demás y, menos aún, de proyectos de vida.</p>
<p><em><strong>4.6 El Desarraigo y la Descontextualización</strong></em></p>
<p>En todos los lugares donde ha impuesto su lógica la Modernidad tardía, es posible constatar que mientras más “moderna” es una actividad, mayor es su disociación de lo que fuera su entorno social.</p>
<p>Se puede postular que la Modernidad determina el desarraigo de las actividades económicas, culturales y finalmente, de los individuos.</p>
<p>El desarraigo se ha extendido a todas las actividades productivas, poniendo en marcha un proceso de descontextualización de los productos, de deslocalización de los procesos de producción y de los individuos trabajadores y patrones.</p>
<p>« <em>En efecto, la producción agropecuaria ya no está adscrita al terreno del cual dependía natural y orgánicamente. Los pollos, terneros y cerdos de incuvadora, las frutas y verduras de invernadero, los cultivos hidropónicos, la industria salmonera, etc., son ejemplos que hablan por sí solos de la desvinculación de estas actividades con lo que fuera su entorno</em> » [19].</p>
<p>La producción industrial carece de vínculos decisivos con el contexto local e incluso nacional. El volumen de la producción aumenta, disminuye, cambia o desaparece en función de necesidades y requerimientos de mercados exteriores cuya estabilidad y localización varían también en virtud de flujos de la economía mundial.</p>
<p>En nuestro país comienza a abundar la presencia de « enclaves » del desarraigo muy difundidos en la mayoría de los países llamados « subdesarrollados ».</p>
<p>Zonas Francas, grandes proyectos hidroeléctricos, reductos turísticos desvinculados de su alfoz natural, condominios habitacionales aislados del resto por dispositivos de seguridad sofisticados. En la misma medida en que se generalizan dichos enclaves, se extiende también la monotonía resultante de la aplicación de un mismo modelo o de módulos estandarizados. El entorno de estos enclaves de modernidad pierde progresivamente su substancia al ser drenados los excedentes económicos y los recursos humanos hacia ellos. La región afectada por la modernización se vanaliza, empobrece y disgrega sus energías vaciando su población en la periferia de centros urbanos cada vez más pletóricos y cada vez menos aptos para la vida humana.</p>
<p>El desarraigo, la descontextualización se manifiestan en nuestra capital de un modo patético con los proyectos de un estólido edil santiaguino,que intentó crear playas artificiales, o pistas de nieve, según la estación, a orillas del Mapocho.<br />
<em><strong><br />
4.7 El Gigantismo Tecnológico y la Violencia</strong></em></p>
<p>El gigantismo tecnológico se impone a trabajadores, a consumidores y a toda la ciudadanía, secretando su efecto inevitable : la vulnerabilidad, la fragilidad y la violencia.</p>
<p>El gigantismo conmociona los equilibrios naturales y aplasta las relaciones sociales.</p>
<p>Las mega-aglomeraciones urbanas, los enormes petroleros, las maquinarias, industriales o agrícolas, superlativas, los imperios económicos planetarios, los hipermercados, las explotaciones agrarias dilatadas sobre kilómetros y kilómetros cuadrados, las represas gigantes, los macrocomplejos industriales, etc., todo ello es el producto genuino de una lógica económica que empuja hacia las economías de escala. Esto impone con severidad draconiana, la obligación de obtener las mayores bajas en los costos de producción, en pro de un crecimiento cuantitativo.</p>
<p>Es también manifestación de gigantismo el formidable desequilibrio de fuerzas, la desproporción de los recursos en liza, que se manifiesta cuando un individuo particular o una pequeña comunidad, debe defender sus intereses amenazados por el Estado o por una empresa transnacional. El caso Ralco, es un ejemplo típico de ello. Su reciente desenlace confirma, hasta la saciedad, la vinculación íntima e indesmentible, existente entre gigantismo y violencia, con la consiguiente vulneración de los más elementales principios de justicia.</p>
<p>El gigantismo va de la mano de la vulnerabilidad y la fragilidad. Se trata, esta vez, de los riesgos suscitados y amplificados por el crecimiento incoherente e incontrolado de las macroestructuras.</p>
<p>Nuestra capital es un ejemplo irrefutable de ello. En efecto, el crecimiento urbano de Santiago tiene los rasgos de una mortífera metástasis. La magnitud de los problemas es tan grande y la capacidad de las autoridades para adoptar medidas adecuadas es tan menguada que una pequeña lluvia cuya duración supere una hora y cuya intensidad permanezca dentro de los rangos normales para la estación, crea situaciones de aguda emergencia.</p>
<p>No es necesario ningún esfuerzo intelectual para imaginar el futuro, a corto plazo, de Santiago, si cambian de destinación las noventa mil hectáreas de suelo agrícola que subsisten en la Región Metropolitana. Si ello ocurre, nuestra capital triplicará su superficie construida, sin que hayan sido resueltos los problemas que hoy asfixian la vida urbana y a sus habitantes. (Desde que estas líneas fueron escritas, dicho cambio ha tenido lugar ad majorem mercado-inmoviliario gloriam). De todo ello deriva una creciente fragilidad social, agravada por la delincuencia y mil formas de vandalismo, de negligencia muy extendida y cínica indiferencia, en los sectores más concernidos y más necesitados de capacidad de reacción comunitaria.</p>
<p>La impotencia de las autoridades y la angustia de los ciudadanos, convergen en la adopción de medidas que ponen al descubierto otro aspecto característico del gigantismo : el reforzamiento de la vigilancia policial y de las políticas represivas, so pretexto de dar mayor seguridad a la población.</p>
<p>La población ha ido introduciendo en la vida cotidiana, elementos y conductas que se acercan insidiosamente a una especie de Estado de Sitio larvado, en el que la sospecha y el temor fortalecen el repliegue individualista de cada quien en su nicho, comprometiendo gravemente la posibilidad de desarrollo de conductas de ayuda y protección solidaria entre los miembros de la comunidad.</p>
<p><em><strong>4.8 La Contraproductividad Regresiva de la Modernidad</strong></em></p>
<p>No debería ser una novedad para nadie el constatar fenómenos como los siguientes :</p>
<p>1. La fragilización de los organismos suscitada por la sobre medicalización. 2. Asfixia del espacio urbano debida a los progresos de la circulación de vehículos cuyas capacidades han sido elevadas gracias a prodigios técnicos. 3. Programación de la televisión que ahora cubre las 24 horas del día gracias a los recursos publicitarios, pero que debe disminuir el tiempo consagrado a informar o entretener para, precisamente, dar lugar a la publicidad. 4. Congestión que colapsa, frecuentemente, la distribución del correo, por la inflación de propagandas y papeles de publicidad que es necesario destruir antes de leer para restablecer el flujo de nuevos papeles publicitarios y propaganda. 5. Intentos de informar, de las empresas telefónicas, de seguros, AFP, ISAPRES, que sólo consiguen confundir al usuario con la sobreabundancia de informaciones redundantes e incoherentes, expresadas en facturas, prospectos y minutas de una complicación demoníaca. 6. Lejos de nuestra vida cotidiana e ilustrando la ubicuidad de estos fenómenos, se puede observar la paradojal situación de la represa de Asuán, un prodigio mayor de la moderna ingeniería, condenada a funcionar muy por debajo de sus capacidades, a causa de los « efectos no deseados » de su impacto ambiental. Rasgo, este último, característico de absolutamente todos los macroproyectos hidroeléctricos realizados en el mundo ; carácter esencial de dichas obras, conocido urbe et orbi, que sin embargo escapa al entendimiento de los promotores de la modernidad chilensis. Para el ciudadano corriente y moliente, la contraproductividad regresiva se presenta incidiosa y tenaz, haciendo cada día menos razonable los diversos procesos en que se ve involucrado para satisfacer sus necesidades.</p>
<p>No cabe duda de que la producción en gran escala y los progresos técnicos que han favorecido la baja de los costos de producción, constituyen éxitos irrefutables desde el punto de vista de la competitividad, de la productividad y de la rentabilidad. Empero, no es menos cierto que es el consumidor quien es la primera y principal víctima del despilfarro y de la irracionalidad que acompañan a esos éxitos económicos. Es el consumidor quien padece los efectos perversos resultantes de la decreciente calidad de los productos, de la complejidad de su mantención y de las imposiciones compulsivas del sistema. Los utilizadores de lavadoras dotadas de programación sofisticada, cadenas integradas de alta fidelidad y video, conocen bien los disgustos ocasionados por las fallas del sistema.</p>
<p>Ahora bien, si hubiese que sintetizar en una proposición el sentido profundo de la regresión que suscita la Modernidad en el espacio social, podemos decir que : la Modernidad, en su fase terminal, crea y difunde el vacío social y espacial, y aisla a los individuos &#8211; físicamente y temporalmente &#8211; fuera del tejido social y del tiempo histórico.</p>
<p>El mayor efecto perverso de la Modernidad, el ejemplo más genuino de contraproductividad regresiva es, precisamente, la total impotencia de la modernidad, llegada a su edad senil, para hacer frente al vacío que ella crea por doquier. El vacío biológico de los espacios rurales desertificados, vacío de la convivencia cuya imagen es el adolecente armado con su walkman, vacío humano de los servicios gestionados por la informática, vacío afectivo y relacional de las cenas y veladas que transcurren bajo la tiranía de la televisión.</p>
<p>Vacío que genera como resultado las condiciones de su propia reproducción en un espiral agobiador y deprimente, ante el cual los seres humanos parecen ser una pasiva e indiferente masa de soledades y fatigas.</p>
<p><strong>V. A MODO DE CONCLUSIÓN : ¿ALTERNATIVAS ?</strong></p>
<p>« <em>&#8230;el proyecto de la Modernidad todavía no se ha realizado &#8211; afirma Habermas, y sostiene que -, [...] el proyecto intenta volver a vincular diferenciadamente, a la cultura moderna en una práctica cotidiana que todavía depende de sus herencias vitales, pero que se empobrece si se la limita al tradicionalismo. Este nuevo vínculo puede establecerse, sólo si la modernización societal se desarrolla en una dirección diferente. (la sociedad) deberá ser capaz de desarrollar instituciones que pongan límites a la dinámica interna y a los imperativos de un sistema económico casi autónomo y a sus instrumentos administrativos</em> ». He ahí la alternativa sugerida por J. Habermas.</p>
<p>Avanzar en la perspectiva Habermasiana, y « completar » el proyecto de la Modernidad, implica la superación del modelo de desarrollo fundado en esta verdadera barbarie economicista , cuya manifestación ideológica es la mercadolatría, y cuya expresión política es latiranía de los econócratas.</p>
<p>Al dogmatismo economicista sólo se le puede oponer con éxito, no un nuevo credo o una doctrina, sino el más irrestricto pluralismo. Un pluralismo real, vivo, dinamizado por la libre confrontación de concepciones diversas postuladas por sujetos que se consideren interlocutores válidos.</p>
<p>Se trata, en fin de cuentas, de una práctica intersubjetiva enraizada en un conjunto de valores compartidos, unos « mínimos morales » sin los cuales no es posible una vida social respetuosa de la dignidad de cada individuo.</p>
<p>El pluralismo coadyuva a la emergencia de visiones complejas de la realidad, de suerte que los distintos órdenes en los que tiene lugar la praxis humana sean adecuadamente considerados. Esto significa que el simplismo economicista, que reduce la vida social al funcionamiento del mercado, deba ser reemplazado por una comprensión compleja de la realidad antroposocial, en la que se considere con igual legitimidad, los hechos y procesos propios del orden económico, técnico-científico, político-jurídico, moral, ético, etc.</p>
<p>Para que nuestra sociedad pueda protegerse de los efectos perversos de esta Modernidad senil, es necesario que cese la capilaridad que vincula el « Paraíso del consumo » y su pletórica pacotilla, con el « Páramo del ciudadano ».</p>
<p>En la medida en que disminuya la compulsión « economicista » en la vida cotidiana de cada uno de nosotros, es dable imaginar una sociedad en la que la modernización se traduzca en desarrollo y liberación de cuerpos y espíritus. Una sociedad en la que Modernidad vuelva a significar novedad, no aquella efímera llamarada que no deja rastros, sino « la verdadera novedad que perdura&#8230; aquella que ha retomado todos los hilos de la tradición, y los ha tejido formando un motivo que la tradición no podía tejer » [20].<br />
<strong><br />
BIBLIOGRAFÍA</strong></p>
<p>1. Arendt, Hannah. La Condición Humana. Ediciones Paids, Barcelona. 1993.</p>
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<p>4. Brunner, José Joaquín. Bienvenidos a la Modernidad. Dolmen Ediciones, Santiago. 1994.</p>
<p>5. ________________. Modernidad, Centro y Periferia ; Claves de lectura. CEP, Estudios Públicos Nº 83, Santiago. Invierno de 2001.</p>
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<p>14. Hobsbawn, Eric. La era de la Revolución, 1789-1848. Crítica, Argentina. 1998.</p>
<p>15. ____________. La era del Capital, 1848-1875. Crítica, Argentina. 1998.</p>
<p>16. ____________. La era del Imperio, 1875-1914. Crítica, Argentina. 1998.</p>
<p>17. ____________. Historia del siglo XX. Crítica, Barcelona. 1996.</p>
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<p>19. Kant, Immanuel. ¿Qué es la Ilustración”, in En Defensa de la Ilustración. Alba Editorial, Barcelona. 1999.</p>
<p>20. Larraín, Jorge. Trayectoria latinoamericana a la Modernidad. Estudios Públicos N°66, otoño de 1997. CEP.</p>
<p>21. Lyotard, François. La condition postmoderne. Les Editions de Minuit, París. 1979.</p>
<p>22. Morin, Edgard. El Método, Tomo IV, Las Ideas. Colección Teorema. Cátedra, Barcelona. 1998.</p>
<p>23. Moulian, Tomás. Chile : la anatomía de un mito. Lom Ediciones, Santiago. 1999.</p>
<p>24. Taylor Charles. Etica de la Autenticidad. Fondo de Cultura Económica, México. 1994.</p>
<p>[1] Fernando Pessoa, Erostratus. Citado por Edgard Morin,in Las ideas, El Método, tomo IV, p.91</p>
<p>[2] J.J. Brunner, Bienvenidos a la Modernidad, p. 17 ; Dolmen Ediciones, Santiago de Chile, 1994.</p>
<p>[3] J.J.Brunner, ”Modernidad, Centro y Periferia. Claves de lectura”. Estudios públicos, Nº 83 invierno de 2001, CEP.</p>
<p>[4] Habermas, Discurso Filosófico de la Modernidad, p. 11, Taurus, Barcelona. 1993.</p>
<p>[5] J. Habermas, La Modernidad, un proyecto incompleto.</p>
<p>[6] Jorge Larraín, Trayectoria Latinoamericana a la Modernidad. Estudios Públicos N°66, otoño 1997, CEP.</p>
<p>[7] En su ensayo Chile Actual, Anatomía de un Mito, LOM Ediciones, Santiago 1998, Tomás Moulian acuñó esta afortunada expresión para caracterizar a nuestro país en esta etapa de su historia</p>
<p>[8] Marcos García de la Huerta, Reflexiones Americanas, Ensayos de intrahistoria. Lom Ediciones, 1999, p.222.</p>
<p>[9] M. García de la Huerta, op cit. p. 223</p>
<p>[10] Charles Taylor, Etica de la autenticidad, p. 38, Fondo de Cultura Económica. México,1994</p>
<p>[11] Ibidem</p>
<p>[12] Ibidem</p>
<p>[13] Charles Taylor, op cit, p. 41.</p>
<p>[14] Charles Taylor, op cit p. 44</p>
<p>[15] Marcos García de la Huerta, op. cit. p. 222.</p>
<p>[16] Marcos García de la Huerta, ibidem. Coincidentes con las del profesor García de la Huerta, en este punto, son las opiniones de A. Hirshmann, cuando expone las tres principales razones con que el conservantismo defiende el statu quo : 1º-los riesgos que supone el cambio ; 2º- la futilidad del cambio, y 3º- los efectos contraproducentes del cambio. Cf. ”Las retóricas de la intransigencia”.</p>
<p>[17] Jean Chesneaux. De La Modernité, La Découverte/Maspero, Paris. 1983, p. 16.</p>
<p>[18] La inquietante trascendencia de lo “efímero” se deja apreciar tanto más, a la luz de lo expresado por H.Arendt, cap. IV, apartado 18, acerca del “carácter duradero del mundo” ; cf. Hannah Arendt, “La Condición Humana”, Paidós, Barcelona, 1993.</p>
<p>[19] J. Chesneaux, op. cit p. 17</p>
<p>[20] Fernando Pessoa, Erostratus. Citado por Edgard Morin, in Las ideas, El Método, tomo IV, p.91
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		<title>Mediación y Resolución de Conflictos</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Feb 2007 17:57:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gabriel Salinas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Par Gabriel Salinas alvarez (Doctor en Ciencias sociales, Santiago, Chile). Intervención en el seminario sobre Mediación y Trabajo social ; organizado por la Universidad de los lagos, Chile, invierno de 2002. A propósito de “fundamentos” ¿Por qué se siente la necesidad de dar un fundamento filosófico ético a una cosa que aparece hoy como una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Par Gabriel Salinas alvarez (Doctor en Ciencias sociales, Santiago, Chile).</p>
<p><em>Intervención en el seminario sobre Mediación y Trabajo social ; organizado por la Universidad de los lagos, Chile, invierno de 2002.</em></p>
<p><strong>A propósito de “fundamentos”</strong></p>
<p>¿Por qué se siente la necesidad de dar un fundamento filosófico ético a una cosa que aparece hoy como una especie de estrategia, de nuevo conjunto de hipótesis, como una nueva tecnología de intervención en el terreno social ?</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-183" style="margin: 5px;" title="delacroix_tobie" src="http://indiscipline.fr/wp-content/uploads/2007/02/delacroix_tobie.jpg" alt="delacroix_tobie" width="284" height="444" />Yo pienso que es necesario un fundamento, porque desgraciadamente en los últimos veinte o treinta años nos hemos olvidado de que nuestros actos y pensamientos están fundados en algo, tienen un fundamento que es lo que da solidez y, en cierta medida, valida nuestra acción. Sin embargo, desde hace un tiempo, hemos puesto todo el interés, toda la atención en la búsqueda de eficacia, la mayor posible en el menor lapso de tiempo imaginable. Esto ha significado que, el tiempo de la especulación, de la reflexión, de la discusión, el tiempo de filosofar, en suma, el tiempo de confrontar nuestra práctica con nuestros principios, con sus fundamentos, sea considerado como pérdida de tiempo, y en todo caso, como tiempo inútil, un tiempo muerto. De un modo análogo, la reflexión social y sociológica tiende a ser substituida por técnicas de encuesta y sondeos de opinión, con la consiguiente gibarización de la reflexión y la desaparición del pensamiento crítico. Hoy en ves de saber lo que pasa a través de la discusión, del diálogo, de la conversación en las casas, en los barrios, en las asambleas, se realiza un Focus grup o se “sondea” la opinión, de preferencia telefónicamente reduciendo al mínimo los costos y optimizando al máximo la rentabilidad de la operación. Con bastante frecuencia, ocurre que los sondeos y los informes de costosas investigaciones son cruelmente desmentidos por la realidad, pero ello es considerado por los “expertos” como un hecho “normal” destinado a ser OLVIDADO LO ANTES POSIBLE&#8230;</p>
<p>En el dominio económico, las cosas no son más halagüeñas. En efecto, las previsiones de numerosísimos economistas acerca del estado de la economía mundial, regional o nacional, no bien difundidas por los medios de comunicación, son refutadas por una realidad porfiada que no se deja reducir a proyecciones y otras construcciones teóricas, de gran sofisticación, pero de poca ayuda cuando se trata de resolver los problemas más urgentes que asfixian a sectores crecientes de la población.</p>
<p><span id="more-181"></span></p>
<p>El caso argentino (y otros muchos, desgraciadamente), confirman hasta la saciedad que los economistas neoliberales, se preocupan exclusivamente de los equilibrios macroeconómicos, dando por hecho que los problemas microeconómicos y todas las contingencias cotidianas de los ciudadanos corrientes y molientes, encontrarán una solución gracias a los “ajustes estructurales” y al libre juego de las fuerzas que animan el mercado. Los fundamentos a tal creencia son pocos y magros, lo que es compensado por un notable fundamentalismo retórico, cargado de fatalismo, cuya manifestación más frecuente es la expresión : “no hay ninguna otra alternativa”&#8230; Resulta difícil admitir pasivamente tal fundamentalismo cuando se asiste al bárbaro espectáculo ofrecido por la progresión del hambre y su cortejo de muertos, en un país como Argentina, capaz de alimentar a todo el continente. El fundamentalismo econocrático, no por simplista es ineficaz ; tiene una capacidad de seducción ante la cual sucumben, desde los más humildes y crédulos consumidores insolventes que pululan en los centros comerciales, hasta los flamantes (y no menos crédulos), graduados demuy honerosas escuelas de negocios.</p>
<p>Estas constataciones, y muchas otras, me llevan a considerar como prioridad impostergable, la interrogación acerca de los postulados de base, de los fundamentos de todo discurso sobre la realidad social. Al hablar de fundamentos y prerrequisitos filosóficos, no me refiero aninguna actitud contemplativa a la que haya que consagrar nuestras energías ; ni tampoco a un ejercicio escolástico arduo y meticuloso del tipo disputa disputandi medieval.</p>
<p>Al invocar la necesidad de un fundamento filosófico, mi pensamiento no se detiene en una escuela o corriente filosófica particular, sino que voy a indagardel lado de los objetivos originarios y originales de la reflexión filosófica.</p>
<p>Hago mía la afirmación hecha por Isayah Berlin, cuando se interrogaba acerca de la meta de la filosofía. “La meta de la filosofía, afirmaba Berlin, es siempre la misma : ayudar a que los hombres puedan comprenderse a sí mismos y, de tal manera puedan actuar en plena luz y no salvajemente en la obscuridad”. Es a ese modo de filosofar que yo les invito durante el puñado de minutos de que disponemos hoy.</p>
<p><strong>Tentativa de aproximación a la Mediación</strong></p>
<p>Dos razones me disuaden de intentar una definición de la Mediación. La primera y más determinante es que yo no soy especialista de esta materia. La segunda razón está relacionada con la utilidad que pudiese prestarnos una exhaustiva definición. Me permito pues, proponerles que nos aproximemos a la idea de mediación, sin la obsesión cartesiana de trabajar sólo con conceptos claros y distintos. Les invito a dejarnos persuadir por un consejo que diera John M. Keynes a una asamblea de economistas durante la gran crisis de principio de los treinta. Todos los asistentes esperaban del Maestro alguna orientación, en medio de la tormenta. Cuando llegó el momento tan ansiado, Keynes dijo a sus colegas : “hasta la fecha nos hemos equivocado con mucha precisión. De lo que se trata ahora, es de tener vagamente razón”.</p>
<p>Comienzo pues diciendo lo que, a mi modo de ver, no debe ser identificado con el concepto de mediación :</p>
<p>- No es una sofisticada tecnología social que pudiera permitirnos resolver todos los problemas que hasta la fecha no encuentran solución en los tribunales de Justicia, en los establecimientos educacionales, en las familias, en los barrios, etc.</p>
<p>- Tampoco entiendo la mediación como una receta para construir consenso, a partir del mínimo común denominador en el que reconozcan sus intereses los distintos sectores de la ciudadanía. Suele ocurrir que, entre los actores de un conflicto, la coincidencia de intereses es tan menguada que el “común denominador” sobre el cual construir un consenso tiende a desaparecer entonces al final ya nadie sabe en qué estamos de acuerdo y en qué no lo estamos : ello, como es de imaginar, no favorece precisamente la acción colectiva.</p>
<p>- Tampoco creo que la mediación sea identificable a la teoría, al discurso de algún personaje carismático que pudiese resolver nuestros problemas sacando de su bolsillo no sé qué “Buena Nueva”.</p>
<p>- Yo descarto también, el considerar la mediación como una metodología normalizadora, que nos permitiría minimizar los riesgos de “desviación” respecto de los patrones de conducta imperantes.</p>
<p>- Descarto, igualmente, la idea de abordar la mediación como si se tratase de una ortopedagogía moralizante y procelitista.</p>
<p>Ahora bien, yo sostengo que, a pesar de no ser ninguna de esas cosas, la mediación puede ser algo bueno, muy bueno, algo que puede reservarnos muchas y muy buenas sorpresas.</p>
<p><strong>La Mediación : una práctica profesional sui géneris</strong></p>
<p>La mediación nos obliga a operar un cambio en nuestra posición en la trama de relaciones sociales que constituye nuestro medio profesional. Para mediar en una situación de conflicto, es necesario que nos deslicemos del lugar institucional que ocupamos habitualmente, hacia el contexto en el que se desarrolla el conflicto. Este “deslizamiento” no es reductible a la ejecución de un “cometido funcionario” u otra acción en terreno. Además de facilitar un cambio de perspectiva sobre los problemas que serán objeto de observación, la participación en una mediación, requiere de nosotros (y de todos los concernidos en la situación de conflicto) que nos asumamos como interlocutores válidos, como actores de una experiencia intersubjetiva radical.</p>
<p>Independientemente de las interpretaciones que cada quien pueda hacer del concepto de mediación, hay un hecho incontrovertible, a saber : la mediación supone que se va aparticipar en un proceso, que se trabajará con sujetos que son autores de un tipo particular de relaciones generadoras de problemas, conflictos, daños etc. La dinámica suscitada por esta acción, debe posibilitar que los autores del conflicto se transformen en actores capaces de negociar y deliberar sobre soluciones, o procedimientos que hagan posible una gestión razonable del conflicto. Estamos lejos, y hasta podríamos decir que, desde este punto de vista, la mediación se sitúa en el polo opuesto del quehacer habitual del trabajo social. Al mediar, no llegamos al lugar del conflicto para administrar soluciones, en aplicación de disposiciones previstas por las políticas sectoriales, o por reglamentos ad hoc. Nuestra presencia allí deberá asimilarse más a la función de un agente capaz de coadyuvar al restablecimiento de la trama de relaciones intersubjetivas dañada por el conflicto y sus insidentes. Dicho de otro modo : es indispensable que el mediador aparezca ante los protagonistas del conflicto investido de un poder de acción (ocapacidad de actuar) ; de suerte que, los participantes en el conflicto lo vean y sientan como un facilitador de acciones posibles. Esto es radicalmente distinto de aparecer y tomar posición en un conflicto, como agente investido de poderes conferidos por la autoridad, lo que le sitúa ipso facto en una posición de dominación sobre los demás. En este último caso, el mediador se enfrenta a “clientes”, “usuarios”, “casos”, etc : lo que no es igual que dialogar con interlocutores válidos en pos de un avenimiento.</p>
<p>A partir de lo que acabo de decir, se descubren algunas pistas de reflexión que nos ayudan a ver en qué la filosofía puede tener, no tan sólo una función explicativa que amplíe nuestros horizontes, sino que en qué medida la filosofía se puede transformar en una potente palanca, de extrema utilidad que nos ayude a mejor abordar los problemas a los que estamos profesionalmente confrontados. La mediación pues, tiene que ver con problemas de sujetos ; sujetos que participan en una experiencia relacional práctica, agitada por la dinámica del conflicto. En ese conflicto nos vamos a implicar, nos vamos a “mojar”, vamos a dar opiniones, reaccionar, dejar de reaccionar, etc. Es una experiencia ante la cual no podemos, aunque quisiésemos, permanecer impávidos, pues si no actuamos, seremos empujados y sarandeados por la acción de los otros participantes en el conflicto. Comienza a aflorar, en este preciso instante, el lado filosófico de este asunto.</p>
<p><strong>Mediación, objetividad y subjetividad</strong></p>
<p>Es muy probable que la toma de contacto con un conflicto en el que queremos mediar, nos depare sorpesas, asombro, perplejidad, dificultades varias, que podremos asumir, sortear, o asimilar con mayor o menor éxito. De naturaleza más compleja y de mayor profundidad será el problema que se suscitará entre nuestra práctica mediadora y nuestra formación profesional. En efecto, la mediación (tal como se la entiende en esta exposición) se aviene muy mal con la objetividad tan venerada por las Ciencias sociales que, nolens volens, son el telón de fondo de nuestra formación teórica.</p>
<p>Valor intransable del racionalismo cartesiano y de las Ciencias Naturales nacidas a la sombra de la mecánica newtoniana, la objetividad pierde en la mediación privilegios y buena parte de sus atributos. Nuestra formación teórica conserva todavía muy vivos y vigorosos los lazos ansestrales con el mecanicismo y sus paradigmas. No nos resignamos a admitir que la realidad social no es una máquina determinista regida por leyes intangibles. Nos resulta difícil acostumbrarnos a considerar el mundo en que vivimos como una compleja trama de acciones, reacciones retroacciones, ciclos recursivos, (todo esto sobre un fondo de inapelable incertidumbre), trama en la que sujetos crean y producen la vida social que , a su vez, los crea y produce. En esta hipercomplejidad de lo real, los sujetos impregnan de subjetividad la realidadobjetiva al transformarla, suprimiendo así la ilusión cartesiana de la separación abismal entre sujeto y objeto, separación entre la res extenssa y el ego cogitans. Las Ciencias Sociales nacidas en el siglo XIX, a imagen y semejanza de lo que fueron las ciencias naturales, tenían como presupuesto fundamental el que había que aproximarse de la manera más estrecha posible a los procedimientos, a los métodos, a la epistemología de las ciencias naturales ; no es inocente el que el opus magnus de Augusto Comte (el “padre fundador” de la sociología), fue se un tratado de Física social.</p>
<p>Todo lo que no se sometiese a ese imperativono merecíallamarse Ciencia. El sentido comúnmantiene muy vivaz esa concepción, confiriendo al término “objetivo” un valor que lo asocia estrechamente a la Verdad, a la exactitud, a la Mesura. Mientras que la subjetividad, representa un conjunto de “anti-valores”, que cubren un vasto espectro de “defectos” humanos. So pena de fastidiarles con argumentos redundantes,me detendré un instante en Descartes, pues sus ideas poseen una tenaz vitalidad. Indudablenente, nuestra deuda con descartes es inmensa ; la Humanidad no hubiese podido ser la que es hoy, sin el racionalismo cartesiano. Parte muy significativa del conocimiento, en todos sus ámbitos, fue producido, por lo menos en la sociedad occidental, bajo el imperio del “paradigma de Occidente”. Paradigma de simplificación imaginado por René Descartes. Para Descartes lo real esta escindido en dos realidades inconexas : el mundo de las cosas y el mundo del “ego”. Las cosas poseen una realidad mensurable, medible, es decir, se identifican con lo material, lo tangible, lo manipulable lo que Descartes denominó “la res extensa”, por tanto, objeto privilegiado de la ciencia. La res existe objetivamente, las cosas existenen el mundo cartesiano con total prescindencia de los sujetos. Que yo esté ante ustedes, acodado en esta mesa, es totalmente indiferente para esta mesa. Ella existe, y se le puede medir, se puede saber cuánto pesa, conocer sus particularidades físicas, químicas,su precio, etc.se trata de algo objetivo, una cosa objetivamente existente, objeto privilegiado de las ciencias. Coexistiendo con ese mundo objetivo y sin mezclarse con él, Descartes designa otra realidad representada por lo que yo pienso, lo que yo comprendo de la propia realidad, lo que yo puedo apreciar, lo que yo puedo concluir de mis observaciones del mundo. Todo ello está incorporado en la otra gran categoría postulada como el ego cogitans, el yo pensante. La realidad cartesiana se presenta pues, dividida en estas dos grandes entidades carentes de todo nexo, dos ínsulas incomunicadas entre sí., lo que en la práctica corriente y moliente significa que objetividad y subjetividad son dos cosas distintas, separadas, inconciliables. Una son las cosas que existen que están, cuya existencia es inobjetable, medible, lo que existe y la otra cosa, es lo que yo creo que existe, mis sentimientos, mis opiniones. Tenemos delante el reino de la objetividad,la realidad objeto de las Ciencias y, a su lado, sin que nada les sirva de vínculo, el reino de la subjetividad, que incluye todo cuanto está sujeto a opinión, a discusión, a reflexión, a creencia, a la razón. El dicho popular reza : “por donde pecas pagas”, Pues bien, este orden inmutable determinado por la brecha insondable que separaba el objeto del sujeto, fue subvertido, precisamente en el terreno en donde parecía más estable : en efecto, en el mundo de la física, en su núcleo más íntimo e inespugnable, en la´física de las partículas se sitúa el epicentro del terremoto que echó por tierra el Muro de Berlín sobre el que se alzaba el paradigma de occidente. Cuando los físicos nucleares intentaron conocer el comportamiento de un electrón, interesándose por estimar su posición y su velocidad, fueron sorprendidos por el más inesperado hallazgo : el conocimiento de uno de los dos fenómenos implicaba la imposibilidad de conocer, simultáneamente, el otro fenómeno. De modo que, la observación y el conocimiento de la posición de una partícula al interior de un átomo,nos deja en la total ignorancia,respecto de la velocidad de su trayectoria. La observación – realizada por un sujeto cognocente- suscita una incertidumbre fundamental allí, en las regiones más recónditas de la materia. La ilusión cartesiana del divorcio irreversible entre el sujeto y la objetividad, se desvanece, dejando su lugar a una incierta relación de cooperación/antagonismo, de atracción/rechazo, de complementaridad/exclusión, de separación/asociación entre sujeto y objeto.</p>
<p><strong>Podemos imaginar un corolario de todo esto y formularlo del modo siguiente :</strong></p>
<p>- El conocimiento de una realidad de alta complejidad exige el abandono de los paradigmas de simplificación y su reemplazo por otros que no reduzcan ni mutilen la complejidad de lo real ;</p>
<p>- Lo real es una totalidad en la que todos sus componentes están relacionados entre sí (todo tiene que ver con todo, pero no de cualquier manera) ;</p>
<p>- El progreso de nuestro conocimiento no suprime la incertidumbrede lo que sabemos acerca de la realidad.</p>
<p>Volviendo a la mediación (después de este rodeo, quizá un poco fastidioso, pero necesario), debemos considerar que ella se asienta en una situación de máxima complejidad. en efecto, el lugar propio de la mediación es la situaciónde conflicto ; es decir, un verdadero “nudo gordiano” en el que se entrelazan y anudan intereses opuestos, creando disfunciones, “ruido”, tensiones paroxísticas, episodios críticos y procesos “crísicos”. Ese nudo gordiano, aglutina y concentra apretadamente, una multitud de aspectos de la realidad, cual si fuese un revelador deaquello que se oculta detrás de las apariencias en la vida cotidiana de las gentes. Por lo tanto, no debemos itentar cortar el Nudo Gordiano, con el filo del paradigma simplificador, sino, aprovechar su presencia para captar todo cuanto él encierra en su abigarrada hipercomplejidad. El esfuerzoque esta acción exige es importante, sólocomparable a las sorpresas y beneficios que ella nos procurará.</p>
<p><strong>¿Qué podemos esperar de la Mediación ?</strong></p>
<p>Lo primero que la Mediación nos ofrece, es una magnifica ocasión para comprender lo real y, al mismo tiempo, comprendernos mejor nosotros mismos.</p>
<p>Hace algunos minutos, puse bastante énfasis al decir que la Mediación es un asunto que se desarrolla entre sujetos, entre individuos que se consideran interlocutores válidos. Podemos agregar ahora, que se trata de una situación cuyo sentido, cuya esencia es el de una experiencia moral. Para un participante de una Mediación, y a fortiori para un mediador, esto significa un esfuerzo intelectual importante para lograr la convergencia de dos dimensiones de nuestra existencia : por una parte nuestra subjetividad y, por otra parte el conjunto de normas, valores y principios que regulan y prescriben nuestro quehacer práctico. En la experiencia moral, es el sujeto autónomo quien asume individualmente la responsabilidad de sus actos y las consecuencias que de ellos deriven. Es el individuo que se hace cargo, sin esperar recompensa ni temer un castigo, del conjunto de prescripciones y normas que hacen posible la convivencia entre sujetos : es decir, el conjunto universal de valores sobre los que se funda la dignidad humana. Ese punto de convergencia representa toda la singularidad de nuestra humana condición : la reunión de la particularidad de cada sujeto con la universal dignidad de todos los humanos, sin excepción. En la experiencia moral asumimos nuestra condición, ante el Bien y ante el Mal,solos, universalmente. Se me objetará, que la Mediación persigue otros objetivos y, que no es ni lícito ni prudente, dejar en la sombra y, por tanto, subestimar lo que la Mediación está llamada a realizar dentro del nuevo marco creado por la Reforma procesal penal, o lo que ocurrirá con todo lo relativo a la violencia intrafamiliar, etc&#8230; Me hago cargo de esta objeción y no impugno su pertinencia. En rigor, la Mediación debe responder a la promesa de ofrecer modalidades alternativas de resolución de conflictos,en un número creciente de dominios de la vida social. La estadística de casos resueltospor mediaciones exitosas, constituirá, evidentemente, una convincente prueba de lo oportuno que es generar mecanismos alternativos que complementen los organismos y procedimientos deficientes, o reemplacen las viejas rutinas burocráticas. Las bondades de la Mediación deberán manifestarse de ese modo en el corto y mediano plazo. Para evitar toda confusión y/o malentendidos, subrayo la importancia y necesidad de lograr frutos tangibles mediante la mediación, allí donde las instituciones tradicionales hayan colapsado, o simplemente no puedan hacer frente a una demanda creciente de intervención. Sin embargo, me asiste la certeza de que la excelencia de la Mediación no se agota en el balance o la contabilidad de “mediaciones exitosas” versus “mediaciones frustradas”. La idea que sustenta buena parte de mi reflexión, identifica la excelencia de la Mediación con lo que podría ser considerado como los efectos de “segundo grado” de la acción mediadora ; no la estadística de los frutos de corto y mediano plazo, sino la emergencia de una particular modalidad de acción social y de un singular tipo de actor social. Apunta en esa dirección, mi convicción acerca de la fertilidad de las interacciones que concurren y vivifican la experiencia moral implícita en la intersubjetividad del diálogo entre interlocutores válidos.</p>
<p>La Mediación nos ofrece también la ocasión de interrogarnossobre la realidad, de un nuevo modo, o por lo menos, de una manera que no es usual hoy día. Es a ese carácter innovador, experimental que me invita a pensar el adjetivo “alternativa” que va asociado al substantivo Mediación, cuando ésta es considerada como un método de resolución de conflictos, llamado a ser puesto en aplicación en campos cada vez más extensos y diversos. No es en una voluntarista radicalización teórica, ni en algún vanguardismo práctico, en lo que pienso al hablar de innovación y de alternativa, mi propósito es más modesto y y asumible. El escritor portugués Fernando Pessoa definió magníficamente el sentido de la innovación : “La verdadera novedad&#8230;es aquella que ha retomado todos los hilos de la tradición, y los ha tejido formando un motivo que la tradición no podía tejer”. Novedad de la mediación que implica un reexamen de nuestras referencias, un retorno a nuesttras fuentes, una crítica mirada sobre nuestro conocimiento, y, por lo tanto, un examen no complaciente del conocimiento, que tenemos,de nosotros mismos.</p>
<p><strong>Homo-Sapiens-Demens</strong></p>
<p>El autoexamen al que aludo, no es una invitación a que nos instalemos en una introspección cuyo inicio y decurso son dejados al azar de las contingencias del diario vivir, sin que podamos darle un sentido que supere los estrechos márgenes que nos impone el sempiterno Narciso que llevamos dentro. De lo que se trata es de comprender un poco mejor nuestra identidad. Inmediatamente podemos afirmar que somos sujetos evidentemente, por lo tanto somos individuos capaces de reflexionar, de reaccionar, de interactuar con otros sujetos. Al mismo tiempo somos parte de la naturaleza, y somos objetos de sus procesos y de sus fuerzas. Además somos capaces de soñar, de imaginar, de inventar y también somos los autores de los crímenes más horrendos, de lo peor que la humanidad a engendrado. Es a dilucidar este insondable enigma, o por lo menos, a intuir algunas pistas que nos acerquen a respuestas verosímiles que debe conducirnos la interrogación sobre nuestra condición humana. Nos ayuda un tanto lo que las ciencias del Hombre ya han avanzado.En efecto, desde sus diversas vertientes, la Antropología nos identifica como pertenecientes a una rama escindida de los primates superiores que, conservando el patrimonio de los mamíferos más evolucionados, ha logrado un desarrollo neurocerebral abismante. lo que ha hecho posible la eclosión inconmensurable de habilidades y competencias y aprendizajes. Nosotros aprendimos a hablar, leer, escribir, pensar, en fin hemos llegado a elaborar sistemas lógicos de reflexión que guían nuestro conocimiento. Somos capaces de computar la información, somos capaces de autoconocernos, en fin, somos capaces de todo eso ; esverdaderamente algo fantástico, algo maravilloso. sin embargo, además hay este otro aspecto siniestro que, también llevamos encima que no lo poseen los animales : es la locura,la barbarie homisida, el frenesí genosida. La locura es pues, una particularidad fundamental, intrínseca nuestra de donde resulta plenamente justificado el agregar Demens a las otras dos calidades de nuestra identidad. Homo SapiensDemensinsólita conjunción de tres realidades de cuya equilibrada articulación depende nuestra vida, la vida de nuestros próximos y la vida de la Humanidad toda. El destino irrenunciable que nos está reservado es salvaguardar el inestable y frágil equilibrio de esas tres dimensiones de la condición humana. Estamos obligados, so pena de aniquilamiento mutuo,de domesticar nuestra animalidad sin extinguirla ; estamos obligados de mantener despierto el espíritu para poder computar, para poder informarnos, para no olvidar ; y puesto que no podemos erradicar de nuestra constitución el componente demencial, estamos obligados a metabolizar nuestra locura, transmutándola en empeño quijotezco y biofilia caballerezca, para impedir que degenere en locura hitleriana. Los factores que concurren al establecimiento de ese equilibrio,son escasos y esquivos, de suerte que se dan cita rara y brevemente. Como todas las cosas importantes de la vida, esos momentos tienen la densidad germinal de los procesos generadores de lo nuevo, y lo fugaz de la efímera irrupción de lo improbable. Es el relampaguear de la conciencia que nos ofrece, en un destello, una visión verdadera de nuestro mundo interior.Algode ello se encuentra en las iluminaciones y las fulguraciones de los grandes místicos, y con mayor fuerza aún lo hallamos en esos momentos fantásticos que vivimos en el amor, en el encuentro de la persona amada.Lo que importa pues, es poder vigilar las derivas posibles, los descarrilamientos probables de alguno de los componentes de esta tridimensional constitución nuestra. Es necesario aprender a llevar nuestra triple condición con prestancia, con inteligencia, con valentía, con humildad yhumanidad.</p>
<p><strong>Los órdenes de la realidad antroposocial</strong></p>
<p>Conciente de abusar de vuestra paciencia, pues he excedido el tiempo que me fuera impartido, quiero consagrar muy breves minutos a exponerles esquemáticamente la última parte de esta reflexión. Portadores de esta triple dimensión, los seres humanos :</p>
<p>- Laboramos es decir nos nutrimos, manteniéndonos en vida en permanente metabolismo con la naturaleza ;</p>
<p>- Trabajamos produciendo y reproduciendo las condiciones materiales de nuestra existencia ;</p>
<p>– Actuamos, reconstituyendo de generación en generación la trama de interacciones que hacen posible la vida social y la reproducción de nuestra especie.</p>
<p>Nosotros vivimos simultáneamente en cuatro ordenes, nuestra vida se desarrolla en cuatro planos simultáneamente : el plano de lo técnico-científico, es decir, el dominio en el que tiene lugar la mayor parte de nuestra vida cotidiana. Es el orden horizontal, el que más frecuentamos y el que más impacta directamente nuestro quehacer. Desde el conocimiento científico más sofisticado, desde la técnica más remota, hasta el conocimiento pericial, técnico de coger el trozo de pan y llevárnoslo a la boca, el orden técnico científico nos influye y nos impone sus reglas.</p>
<p>Al mismo tiempo vivimos también el orden político y jurídico, porque claro nosotros somos personas que vivimos en sociedad y que estamos sujetos a toda una serie de disposiciones, a una serie de leyes y principios y además nosotros queremos contribuir, queremos incidir en que la vida social se oriente en tal o cual sentido. Nosotros también vivimos, simultáneamente en el plano moral, en el plano de la ley de lo que no se debe hacer y de lo que se debe hacer, del deber ser y, al mismo tiempo que eso, vivimos también en el plano ético, en el plano del amor, en el plano de la búsqueda de la felicidad, la felicidad para nosotros y la felicidad para los demás.</p>
<p>No podemos privilegiar ninguno de esos cuatro ordenes, en el orden técnico-científico vivimos y no podemos salir de él , sin embargo, en ese orden nosotros tenemos que hacer todo lo posible para que encontremos los frenos , para que podamos actuar de manera que la máquina técnico-científica no se dispare y que no nos caigan encima las bombas atómicas , que un loco cualquiera, en la Casa Blanca (o en las otras casas de locos que mandan en el planeta), apriete el botón de la “solución final”.</p>
<p>Ello sólo puede ser evitado desde fuera, pues no hay razones técnicas o cienctíficas que impidan el frenesí tecnocientífico. Las barreras a la deriva técnico científicas vendrán de un orden superior : del orden jurídico político. Este orden está fundado sobre la oposición entre lo que es legal y lo que escapa a la ley. En la sociedad moderna este orden se puede considerar como el orden democrático, en el que es la mayoría quien detenta la soberanía popular. Es pues, la mayoría de la sociedad quien puede tener la última palabra acerca de los lìmites que se puede imponer al trabajo de técnicos y científicos. Sin embargo, la democracia carece también de mecanismos de autorregulación que puedan impedir las derivas perversas del sistema. Basta recordar que en febrero de 1933, Hitler fue electo cansiller de alemania en un proceso electoral totalmente democrático. Ahora bien, para que las masas populares no enloquezcan y se enardezcan tras la mano en alto de algún jefe carismático, algún necrófilo hombrecillo (con o sin gorra), es necesario que un orden superior le imponga límites. Ese orden es, el orden moral. El orden moral, aquel de los valores absolutos, trascendentes, cuyo respeto conduce a la virtud, nos ayuda a responder a la pregunta ¿qué hacer ? en esta u otra circunstancia. Este orden no requiere de límites, pues el exceso de moral, el respeto irrestricto de los mandamientos morales no constituye daño para nadie. Sin embargo, no puede construirse un modelo de felicidad para un individuo o para un pueblo, sólo con el cumplimiento de los deberes. Por lo tanto, lo que el orden moral precisa es una apertura hacia algo superior, un complemento que agregue al deber, a la virtud, la búsqueda de la felicidad. Es el orden del amor, el orden ético, el que aporta la sabiduría que vendrá a temperar el rigor moral, abriéndolo a la alegría de vivir. Este orden del amor es el orden superior, pues nada se le puede agregar, ya que el amor ilimitado no tan solo no es una amenaza, sino que no es algo que esté a la orden del día.Nada mejor que una inflación de amor podría ocurrir a nuestra mezquina y prosaica sociedad mercantil.</p>
<p>Ordenes distintos que no debemos confundir, pero que tampoco podemos aislar y disociar cartesianamente.</p>
<p>Una última idea : existe una jerarquí entre estos órdenes, y tambien existe una primacía entre ellos. En la base se halla el orden técnico científico ; se le superponen el orden jurídico político, el orden moral y, por encima de todos el orden ético y del amor. Sin la técnica y las ciencias, sin la realidad material sobre la que se asienta la cultura, el arte, la política, la religión, etc. No habría vida social. Primacía de lo inferior sobre lo superior, en cuanto existe una determinación en última instancia de lo material sobre el resto. Al mismo tiempo, superioridad jerárquica de la ética y el amor sobre los otros órdenes. En efecto, el hombre halla su idnidad y despliega toda su humana condición, elevándose de la tosca materialidad hacia el amor.</p>
<p>El cristianismo postula que es la Gracia la que permite la elevación del hombre hacia lo divino. La Gracia, como fuerza ascendente por oposición a la fuerza de gravedad, que precipita los cuerpos hacia abajo. Yo no soy creyente por lo tanto no conozco las maravillas de la Gracia y, debo reconocer, que más de alguna vez en mi vida deseé gozar de ese extraordinario confort espiritual que debe ser la creencia en un ser supremo, en un recurso útimo ante la incertidumbre radical de la existencia. Por tanto, yo no puedo apelar a la Gracia como fuerza que nos ayudea no sucumbir arrastrado por la gravedad y la pesada carga de la existencia. Por ello busco un apoyo terrenal y materialista. Son dos cosas que, a veces, pueden valer la Gracia : el coraje, la valentía de buscar la lucidez, lo que nunca es fácil y por ello es importante. La otra fuerza esel amor. Nada garantiza que sean un apoyo suficiente, pero hay quienes lo intentan, y más de algunos lo logran. Coraje lúcido del amor : amor inteligente de la verdad.
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