Rubrique "Positions"

Dans cette rubrique, le lecteur trouvera des textes finalisés proposant des analyses portant sur toute forme de dynamique sociale et culturelle. Il s’agit de dessiner de nouvelles perspectives afin de lier réflexion, critique et action.


Voici un texte, rédigé par une philosophe Belge qui a décidé de démissionner de son université suite à une réflexion très générale sur les évolutions contemporaines de nos métiers, sur l’inanité des politiques de « l’excellence », et sur la victoire de l’utilitarisme et du technicisme. Ce texte circule dans divers réseaux depuis peu, et il me semble contribuer à une nécessaire et urgente réflexion. J’adhère à 100% aux constats de ce texte, en espérant qu’ici et là il reste encore quelques énergies dans les interstices pour contrer la monté de la médiocrité de l’idéologie de l’excellence et de l’utilitarisme économique.

démission (le texte en version pdf)

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POURQUOI JE DÉMISSIONNE DE L’UNIVERSITÉ APRÈS DIX ANS D’ENSEIGNEMENT

Plus que jamais il est nécessaire de réfléchir au rôle que doivent jouer les universités dans des sociétés en profond bouleversement, sommées de choisir dans l’urgence le type de civilisation dans lequel elles veulent engager l’humanité. L’université est, jusqu’à présent, la seule institution capable de préserver et de transmettre l’ensemble des savoirs humains de tous les temps et de tous les lieux, de produire de nouveaux savoirs en les inscrivant dans les acquis du passé, et de mettre à la disposition des sociétés cette synthèse d’expériences, de méthodes, de connaissances dans tous les domaines, pour les éclairer dans les choix de ce qu’elles veulent faire de la vie humaine. Qu’à chaque époque l’université ait manqué dans une certaine mesure à son projet fondateur, nous le lisons dans les critiques qui lui ont constamment été adressées à juste titre, et il ne s’agit pas de s’accrocher par nostalgie à l’une de ses formes anciennes. Mais jamais elle n’a été aussi complaisante envers la tendance dominante, jamais elle n’a renoncé à ce point à utiliser son potentiel intellectuel pour penser les valeurs et les orientations que cette tendance impose à l’ensemble des populations, y compris aux universités elles mêmes. D’abord contraintes par les autorités politiques, comme on l’a vu de manière exemplaire avec le processus de Bologne, il semble que ce soit volontairement maintenant que les directions universitaires (à quelques rares exceptions près) imposent la même fuite en avant, aveugle et irréfléchie, vers des savoirs étroitement utilitaristes dominés par l’économisme et le technologisme.

Si ce phénomène repose très clairement sur l’adhésion idéologique de ceux qui exercent le pouvoir institutionnel, il ne se serait pas imposé à l’ensemble des acteurs universitaires si l’on n’avait pas instauré en même temps une série de contraintes destinées à paralyser toute opposition, par la menace de disparition des entités qui ne suivraient pas la course folle de la concurrence mondiale : il faut attirer le « client », le faire réussir quelles que soient ses capacités (« l’université de la réussite » !), lui donner un diplôme qui lui assure une bonne place bien rémunérée, former en le moins de temps possible des chercheurs qui seront hyper productifs selon les standards éditoriaux et entrepreneuriaux, excellents gestionnaires et toujours prêts à siéger dans les multiples commissions et conseils où se prennent les simulacres de décisions — simulacres, puisque tant les budgets que les critères d’attribution et de sélection sont décidés ailleurs. De qualité, de distance critique, de réflexion sur la civilisation, il n’est plus jamais question. La nouvelle notion d’« excellence » ne désigne en rien la meilleure qualité de l’enseignement et de la connaissance, mais la meilleure capacité à engranger de gros budgets, de grosses équipes de fonctionnaires de laboratoire, de gros titres dans des revues de plus en plus sensationnalistes et de moins en moins fiables. La frénésie d’évaluations qui se déploie à tous les niveaux, depuis les commissions internes jusqu’au classement de Shanghaï, ne fait que renforcer l’absurdité de ces critères.

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FACUNDO CABRAL IN MEMORIAM

¡¡Han asesinado a otro hermano!!

“Ha de elegir bien su melga quien se tenga por cantor

Porque sólo el impostor se acomoda en toda huella:

Que siga una sola estrella

Quien quiera ser sembrador”.

Facundo Cabral siguió la enseñanza de Atahualpa Yupanqui, y sembró mucho, de lo mejor, por cierto, y por muchas partes.

La barbarie ha interrumpido para siempre la siembra de humanidad que este tierno-viejo-fraterno-cantor llevara a cabo durante varias décadas

¿Qué decir, qué sentir, qué hacer, ante el horror y el daño irreparable.

Las palabras que convendría pronunciar, ya casi no circulan, o han perdido su sentido original, pues no pertenecen al vocabulario “nuestro de cada día”. Es que el lenguaje actual está aquejado de raquitismo terminal a causa del virus de la mercadofilia y de los miasmas televisivos, que reservan a la palabra la infeliz tarea de transmitir el miserable narcisismo de los caraduras de la política y los negocios y de los “rostros” de la televisión.

Decir cuánto pesar nos embarga, hablar de lo que perdemos cuando un artista es asesinado, clamar nuestra indignación, todo ello es necesario e insoslayable, pero nuestros dichos desaparecerán, inevitablemente en el océano de deshechos y pacotillas de esta Modernidad de mercachifles neoliberales.

Nos queda, sin embargo, por decir algo que puede ser decisivo, podemos, y debemos decir NO:

NO MÁS aceptación fatalista del horror como si se tratase de un ineludible tributo a pagar, en virtud de no sé qué destino.

NO MÁS complicidad de los gobiernos, de sus policías y sus magistrados con los criminales.

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Elecciones en el Perú: AVISEN A LOS COMPATRIOTAS

Escribe Joan Guimaray

¡Ay, el Perú! ¿En dónde y en qué momento se nos perdió el sano juicio? ¿En cuál de los recodos de la historia se nos contaminó el alma? ¿Quién nos convirtió casi, casi en caricaturas humanas? ¿En qué parte de la larga travesía republicana nos asaltaron la memoria? Ahora cuando nos llega el día de elegir nuestro destino, hoy cuando las ánforas nos esperan y en momentos en que la ONPE con su cara de Pacarán y su sonrisa de Chu simula imparcialidad, parece que estuviéramos sin juicio, sin alma, sin memoria y tan sólo como seres antropomorfos, escuchando azorados, absortos e impotentes, a unos cuantos ‘iluminados’ y chismeros que dicen que tienen miedo a Humala y que Keiko es el mal menor, pero que no saben por quién votar, porque ninguno de los candidatos les convence, por ser iguales, idénticos y semejantes.

¡Ay, el Perú! Aquellos que se alucinan ser paradigmas de ciudadanos, los que se creen ser ejemplares demócratas, los que se imaginan ser modelos de la inteligencia, no son sino, parte de la hediente comparsa que con sus vulgares sofismas y sus grotescos paralogismos, disimuladamente confunden y desorientan a los distraídos caminantes sin rumbo y a incautos seres sin ideales a fin de embaucarlos y reclutarlos para engrosar las filas de la insepulta mafia que está a punto de resucitar. Entonces, para lograr sus acometidos no sólo calumnian, difaman y engañan, sino también, confunden diciendo que los candidatos son iguales, como si en la dimensión de sus propuestas, en el volumen de sus ideales, en el tamaño de sus capacidades, y en autoridad moral, fuesen iguales. Así que, sólo la ignorancia invicta y la desvergonzada conveniencia, pueden sostener sin rubor un semejante desatino.

Avisen a los compatriotas. Lo que se trata aquí, es el de eludir el deber ciudadano y de escamotear la higiene moral de pensar en función de país, únicamente para favorecer a la inverecunda hija y sucesora del cleptócrata de la última década del siglo pasado. Una candidata que lejos de transmitir serenidad y equilibrio para la tranquilidad del país, pone en peligro la paz social, al exhibir el mismo perfil autoritario de su padre, como lo pudimos ver y escuchar en el último debate. Pero no sólo, pone en peligro la paz social y la gobernabilidad del país, sino además, se le advierten planes oscuros, intenciones perversas, proyectos impuros. No nos olvidemos que el fujimorismo es impredecible. Es impredecible, porque no es una organización política, sino una asociación de malhechores.

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Escribe Joan Guimaray

La camioneta no era del tío Santiago. No era la que el grupo Colina usó en el trabajito de Los Barrios Altos. Aunque mucho se parecía por los macizos neumáticos y por las lunas polarizadas. Al interior de ella llegaron a la cima del pueblo Lomo de Corvina. La camioneta se estacionó cerca a los basurales de un terreno destinado para el parque. Al rededor divisaron interminables casitas de esteras, cuyas techumbres de plástico y calamina soportaban la menuda garúa. Era el mes morado. Apenas había empezado el invierno de la primera década del nuevo milenio.

—No me gusta nada de esto —dijo, Keiko arrugando el rostro, un poco fastidiada, y mirando las cajas de atunes y paquetes de galletas.

—Es una tarea que estas obligada a cumplir —advirtió, Rafo exhibiendo sus perennes e inocultables ojeras.

—Y ¿si no gano las elecciones? —preguntó muy dudosa.

—Habrás cumplido con intentarlo ¿no? —respondió secamente.

—No quiero exponerme a que la gente me grite ladrona, asesina o mala hija.

—Ten presente que el plan no es mío —advirtió, otra vez.

—¡Pero hasta cuándo voy a obedecer a este mafioso! —enfureció, ella.

—Hasta que queden libres él y tu padre —respondió, él.

—¿Sabes? Tengo miedo —dijo empequeñeciendo sus rasgados ojos.

—No tienes por qué. Todo está planificado —infundió confianza.

Poco a poco la conversación fue inquietándole a Kenyi que había estado abrigado con su gruesa casaca impermeable y repantigado en el asiento trasero de la camioneta.

—¿Qué es lo que está planificado? —preguntó, con su voz balbuceante.

—Todo lo que estamos haciendo, Kenyi —respondió, Rafo con voz paternal.

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Laurent Loty : « Pour l’indisciplinarité »

Laurent Loty nous fait le plaisir de nous envoyer un texte très intéressant sur la notion d’ »indisciplinarité », à laquelle il apporte ses compétences d’historien des relations entre mots, textes, savoirs et politiques. Ce texte correspond parfaitement aux interrogations qui nous motivent ici. La référence exacte du texte est la suivante :

Loty, Laurent. « Pour l’indisciplinarité », The Interdisciplinary Century ; Tensions and convergences in 18th-century Art, History and Literature, edited by Julia Douthwaite and Mary Vidal, Oxford, Studies on Voltaire and the Eighteenth Century 2005:04, Voltaire Foundation, 2005, pp. 245-259.

 

Introduction du texte :

INDISCIPLINARITE: l’invention d’un mot est parfois nécessaire pour lutter contre le poids des idées inscrites en nos mémoires de génération en génération. Si ce mot me paraît utile, c’est qu’il peut aider a rejeter l’apprentissage de la soumission qui va souvent de pair avec le respect des disciplines. C’est aussi qu’il permet de souligner l’insuffisance de la pluri-, de l’inter-, ou même de la transdisciplinarité, au regard de mes aspirations et de ma conception de l’enseignement, de la recherche, et de leurs fonctions dans la société. J’espère avoir suffisamment suggéré, dans les lignes qui suivent, à quel point la défense de l’indisciplinarité est paradoxale (à divers titres, la discipline est indispensable), mais aussi à quel point elle est nécessaire. C’est-à-dire utile, pour la liberté, pour la découverte, pour la création, pour l’affirmation de valeurs qui dépassent largement les domaines de la recherche et de l’enseignement, à moins que recherche et enseignement ne soient conçus comme ce qui participe à une dimension culturelle fondamentale pour nos modes de vie en société.

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Escribe Joan Guimaray

El Perú está de duelo. De duelo está el Perú. La democracia ha sufrido una gran derrota, la peor de sus derrotas. Y aunque muchos distraídos digan que ella ganó, pues el modelo neoliberal que engendró pobreza repartiendo limosnas, distribuyendo providencias y asignando dádivas quincenales, la ha herido con alevosía, golpeándola con premeditación y derribándola en su propia ánfora. Lire la suite

ACERCA DE COSAS QUE SE ESCUCHAN POR DOQUIER

Gabriel Salinas alvarez, Doctor en Ciencias sociales –U.L.B.

Todo lo que pudiera decirse acerca del desastre nuclear en curso, es poco. Resulta consternante ver como los comentarios de mucha gente se desvían de lo esencial. Afirmaciones del tipo « no existe el riesgo cero », « las energías alternativas no son ni suficientes ni baratas… », « no hay que generalizar, cada caso es particular… » etc. etc. Es evidente que, una vez acaecido el desastre, las alternativas inmediatas no existen y los acontecimientos adquieren ese terrorífico carácter de tragedia inevitable.

1. Es verdad que toda acción implica efectos imprevisibles y riesgos imponderables, decirlo no es sino enunciar una tautología, pues es IMPOSIBLE prever todo, ya que la realidad es irreductible a una ecuación que abarque la infinita gama de posibilidades de variación de lo real. Por ello es que, trabajar sobre la realidad con eficacia, supone entender su naturaleza compleja; lo que implica concebir la acción de un modo programado (para dar cuenta de los aspectos constantes de lo real); acción « programada » que no sirve de mucho sin una « estrategia » que permita llevar a cabo las acciones necesarias para hacer frente a lo imprevisto, a lo que el « programa » no puede anticipar.

Corolario: como la realidad es SIEMPRE MÁS RICA QUE TODAS LAS PREVISIONES IMAGINABLES, ANTE EL RIESGO IMPONDERABLE ES IMPRESCINDIBLE LA PRUDENTIA -de los latinos-, (la frónesis de los griegos).  Y en el ámbito del desarrollo técnico-económico-científico: FRUGALIDAD Y SOBRIEDAD (Hans Johnas).

2. Es evidente que las energías alternativas conocidas hoy, no son ni suficientes ni baratas para asegurar el suministro energético de una economía voraz, de una producción despilfarradora y de un modo de vida irracional y mortífero. La energía compatible con ese tipo de economía, con ese tipo de producción y con ese modo de vida, es -por lo menos así lo parece- la energía nuclear. El desastre que estamos COMENZANDO A VIVIR nos indica que, los « atributos positivos », de la energía nuclear están subordinados a esa cláusula fáustica que impone un carísimo rescate a pagar a la sociedad que desea disponer del poder gigantesco que ofrece la manipulaciòn de la energía atómica.

La cuestión central no es la de encontrar el combustible adecuado a las exigencias de un modelo de desarrollo absurdo y necrófilo, sino encontrar la manera de reemplazar este modelo mercadólatra, econocrático e incapaz de satisfacer las necesidades más elementales de la población del planeta. Y al decir « reemplazar » no se debe entender, cambiar el personal político que toma las decisiones, sino, cambiar las prioridades a las que obedecen las tomas de decisión en todos los niveles de la vida social. La economía y la tecno-ciencia no deben seguir siendo la primera y última ratio en la gestión de las cosas humanas.

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FAMILIA DESMEMORIADA

Cuento sobre el Perú

 

Escribe Joan Guimaray

            Casi harapiento y con estómago vacío, llegó desde el otro lado del mundo a la casa de una numerosa familia. Dijo que tenía hambre y sed. Le dieron de comer y beber. Dijo que quería trabajar y estudiar. Le dieron trabajo y educación. Dijo que era honrado y trabajador. Entonces, le entregaron todas las llaves de la casa. Él les miró sólo de reojo. Y, mostrándoles su asimétrica y extraña sonrisa, se dispuso a recorrer por los patios, pasillos, escaleras, habitaciones, depósitos, sótanos, azoteas y jardines.

            Lo primero que hizo, fue pintar, decorar y amoblar el salón de fiestas. Casi toda la familia le aplaudió. En el momento en que lo estrenaban entre música y tragos, él incendió la pequeña biblioteca. Libros, revistas y valiosos archivos se redujeron a ceniza. La mayoría de la familia calló. Prefirió ignorar que ya no tenía biblioteca. Apenas se escuchó protestar algunas voces, pero nadie hizo caso.

            Más tarde, pintó los pasillos, enceró las escaleras, limpió los balcones. Y cuando la alborozada familia loaba, alababa y endiosaba, él abusó de la inocencia de las doncellas y envenenó el aire que respiraban los niños. Otra vez, alguien advirtió. Otro protestó. Pero los demás prefirieron callar. Decían que él estaba ordenando la casa.

            Luego, pintó la fachada, arregló los retretes y lustró los pisos. Los miembros de la familia, no sabían cómo agradecerle. Le crearon canciones, le escribieron loas de alabanza, le entonaron himnos de gratitud. Escuchó que coreaban su nombre por todas partes. Y él, inmensamente feliz: fornicaba con las casadas, mataba a los padres, perseguía los esposos, torturaba a los hijos y desaparecía a los nietos.

            Mientras una parte de la familia no cesaba de endiosarle, él vendía las joyas de la abuela, remataba los cuadros del abuelo, violentaba todas las purezas, deformaba todos los códigos, alteraba el aroma de la lógica, contaminaba la fragancia de la estética. Se apoderaba de todo cuanto había de valor en casa. La familia que lo había consentido, creía que él ya era parte de ella, aunque él, jamás había olvidado su procedencia y nunca se había desligado de sus raíces. Ni siquiera a la casa que la cobijaba, ni a la familia que le había dado todo, las sentía como suya.

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Ce soir, 7 février : espérance, confiance, courage

Nous suivons sur l’écran d’ordinateur, la retransmission en direct de la rencontre organisée par Médiapart au Théâtre de la Colline ce 7 février 2011

(http://www.mediapart.fr/journal/international/070211/de-tunis-au-caire-jusqua-paris-en-direct-du-theatre-de-la-colline)

Nous aurions aimé être là-bas mais il n’y avait plus de places disponibles depuis plusieurs semaines. Sur le plateau Stephane Hessel, Edgar Morin et Claude Alphandéry. Moncef Marzouki et Radhia Nasraoui viennent témoigner de la révolution tunisienne. Darina Al-Joundi rend hommage à la jeunesse égyptienne  L’Egypte est  représentée avec l’écrivain Mahmoud Hussein et la Palestine avec Elias Sambar, Ambassadeur à l’Unesco. Edwy Plenel anime.

Un grand souffle dans ces voix multiples qui portent enfin une parole, si simple, si forte : comme si nous en avions été privés depuis longtemps, si longtemps – quand c’était ? – et qu’elle surgissait là toute belle et puissante comme le peuple tunisien, comme le peuple égyptien, apparus sous nos yeux ou plutôt sur nos écrans,  à la place des figures constamment agitées pourtant par tant de professionnels de la communication et de la politique : les marchés, Paris, les agences de notation, Washington, les Islamistes, la Chine  instances vides marionnettes que s’évertuent à animer des éditorialistes, des commentateurs tout gonglés de l’orgueil qu’ils tirent de leur intimité avec ces fétiches.

Il y avait là par contre des anciens, presque tous âgés, mais qui ont une confiance merveilleuse en la jeunesse, celle que certains dénoncent comme étant uniquement occupée à consommer et s’ennuyer alors que c’est pourtant ce qu’ils souhaitent profondément qu’elle soit, la méprisant ainsi et se méprisant de tant la préférer réduite à de la presque publicité, perdant alors leur dignité et privés à jamais du pouvoir de la reconnaître chez autrui, chez des hommes massés dans la rue autour des chars et sous les pierres.

Cette jeunesse sortie en France dans la rue à l’occasion des manifestations de la rentrée 2011, et que des éditorialistes idiots ou de mauvaise foi ont critiquée pour sembler tant attachée à sa retraite future, idiots car il fallait être idiots pour ne pas sentir l’aspiration à un autre monde, la joie d’être ensemble pour partager cette aspiration. Cette jeunesse qui est en nous comme elle l’est chez ces vieux résistants, chez qui les combats l’ont comme saisie et maintenue vivante et claire comme la vigilance. Cette unité de l’homme par la jeunesse de son espérance dans des pays différents, Morin l’a rappelée et l’a saluée, lui qui avait organisé il y a près de 40 ans un colloque sur cette espérance et ce projet intellectuel proposé aux sciences. Hélas, les communautés scientifiques ont perdu la voie, elles ont perdu ce projet, elles se battent pour être utiles à l’économie des pays et des régions, elles se jalousent pour décrocher des contrats avec des dictatures, elles se soumettent à un « principe de réalité » : les marionnettes inlassablement agitées par les politiciens et les éditorialistes, et qui ô stupeur, leur semblent plus réelles que les réalités sociales vivantes qu’ils observent et décrivent dans leurs ouvrages tant ils sont fatigués et sonnés par les forts courants convergents de l’autoritarisme et du nouveau management.

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Casseurs d’enfants, pilleurs d’espoirs

Je suis blanche, je ne suis pas jeune. Je rentre sans doute dans cet imaginaire des « honnêtes gens », des « bons Français », que ne cessent de convoquer les membres de notre gouvernement.

Je suis chez moi dans ce pays qui semble-t-il est le mien, aujourd’hui en tout cas, alors que selon ce gouvernement il ne serait pas celui « des casseurs et des pilleurs », catégorie qui inclut a priori tout adolescent noir ou arabe à capuche. La démonstration en a été faite ces jours-ci à Lyon. Des lycéens et étudiants, des jeunes manifestants, c’est-à-dire des casseurs et pilleurs potentiels, ont été enfermés sur la place Bellecour le 21 octobre dernier, chargés,  asphyxiés, insultés sans relâche pendant cinq heures, et discriminés, les plus blancs et les plus vieux ayant pu sortir avant les plus jeunes et les plus foncés.

Mais dans la réalité qui heureusement n’est pas le cauchemar qui suinte des cerveaux et des paroles de nos ministres et de notre président, ces jeunes-là sont chez eux ici.

Ils sont d’ici, quoi qu’en dise et que veuille notre gouvernement, et quoique ces jeunes disent et veulent eux-mêmes. Il se peut, au train ou vont les choses, que moi-même je me sente de moins en moins chez moi sans pouvoir faire autrement que d’assumer le fait d’être d’ici, de France, cet État de plus en plus répressif, raciste, corrompu.

Ces jeunes sont non seulement d’ici comme nous (les blancs moins jeunes) mais ils sont aussi nos jeunes, nos enfants. Je les aime. Leurs silhouettes indistinctes et spectaculaires dans la fumée et la cohue ont fait le tour du monde : « la France brûle ».  Vus de près ils sont très jeunes, pour la plupart « inconnus des services de police ».  Certains ont cassé des vitrines, d’autres lancé des boules de papier froissé pris dans leurs cahiers. Ils passent en comparution immédiate.

Ils sont nos enfants à tous.  C’est ce que nous avons en principe incorporé si la transmission intergénérationnelle a bien fonctionné, leurs parents et nous-mêmes, et ceux qui n’ont pas d’enfants à eux mais sont en âge d’être responsables de la génération qui grandit, tous  sont membres de la communauté humaine des parents, communauté  anthropologique parfois presque oubliée par des décennies de négation ou de déni de ce qui  échappe à la rationalisation des liens intergénérationnels.

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